Lejos de ser meros registros administrativos, los libros de repartimiento ofrecen una visión de un periodo de cambio, reflejando, a modo de palimpsesto, la construcción de un nuevo orden y, al mismo tiempo, escondiendo tras sus páginas huellas de la sociedad andalusí
Daniel Berrueta Pérez
Escuela de Estudios Árabes (CSIC)

1. El siglo XIII y la expansión de los reinos hispánicos
Durante el siglo XIII, las potencias cristianas de la península ibérica protagonizaron un proceso de expansión territorial que empujó los límites y la frontera con el islam hasta el Sistema Bético, donde el sultanato nazarí de Granada resistirá hasta 1492. En cuestión de medio siglo, Castilla, Aragón y Portugal, aprovechando la fragmentación interna andalusí que siguió al colapso del poder almohade, ampliaron considerablemente sus dominios a costa de al-Ándalus, asumiendo en su poder una población autóctona cuyo destino era incierto.
Pese a que existen precedentes en el siglo XI y XII de las primeras expansiones feudales sobre territorio islámico, tanto en el valle del Duero hasta Toledo (1080), como en el del Ebro (1118-1120) o las conquistas catalanas de Lleida y Tortosa (1148-1149), la amplitud de la expansión alcanzada en el siglo XIII fue algo inédito. Esta conquista no consistió únicamente en la incorporación de nuevas tierras a las coronas cristianas. Supuso, sobre todo, una transformación estructural. No solo hubo un cambio de signo político, sino que los territorios fueron reorganizados mediante la implantación de un modelo feudal que afectó a la propiedad de la tierra, las formas de poblamiento, el paisaje y a las relaciones sociales. La conquista implicó, por tanto, la progresiva desarticulación de las estructuras andalusíes, cuyos restos fueron ajustados en un nuevo marco político y económico.
En este contexto, el repartimiento constituyó un reflejo de esta intención colonizadora que repartió los restos expoliados de la sociedad andalusí entre sus nuevos dueños. Durante el siglo XIII, este reparto quedó plasmado en múltiples manuscritos que quedaron agrupados en sendos libros de registro, en los que se apuntarán de manera minuciosa los diversos bienes muebles e inmuebles a repartir y sus destinatarios. Este reparto del botín entre los vencedores encontrará su testimonio más original en estos libros de repartimiento.

2. Las realidades de la conquista. Transformación y reparto de la sociedad andalusí
Analizar el impacto de la conquista cristiana sobre al-Ándalus implica enfrentarse a un debate historiográfico complejo y en constante evolución. De manera resumida, la tesis tradicional subrayaba la continuidad entre el mundo andalusí y el cristiano. Esta visión, basada en la pervivencia documentada de comunidades mudéjares y en el análisis documental de ciertas fuentes, como los libros de repartimiento, forjó la idea de una continuación poco traumática tras la conquista y una pervivencia de las estructuras andalusíes adoptadas por los conquistadores. “Mantuviéronse como en tiempos de moros”: esta expresión, que se repite en la documentación, se convirtió en un símbolo de esta interpretación.
Esta línea de análisis se sustentaba, en el plano teórico, en la misma mentalidad productiva de las sociedades conquistadoras. Estas, interesadas en mantener la producción agraria, habrían intentado conservar a la población campesina autóctona, permitiendo la pervivencia de las estructuras económicas.
Pese al peso de esta teoría, ya había quien en el siglo XIX reflexionaba en torno a los documentos que aquí se tratan, llegando a conclusiones sobre el gran impacto y ruptura que supuso la conquista con la sociedad previa. Pròsper de Bofarull y Mascaró, en una temprana edición de los repartimientos de Mallorca, Valencia y Cerdeña (1856), comentaba que dichos documentos:
“dan margen a serias meditaciones al que considere de qué manera se llevaron a cabo aquellas conquistas, y el universal despojo de que fueron víctimas los invasores musulmanes, del cual se libraron solamente los pocos tránsfugas que recibieron de los conquistadores el premio de su traición o de sus servicios”.
Desde la publicación de esta obra, los avances en el estudio de fuentes y las excavaciones arqueológicas realizadas han incidido en una ruptura mucho más profunda de lo que se había pensado, tendiendo a considerar las consecuencias de la conquista como un mosaico heterogéneo donde hubo situaciones de continuidad, sí, pero dentro de un cambio estructural de gran envergadura. A continuación, se destacan los más importantes.
2.1 El destino de la población andalusí
Uno de los aspectos más relevantes ‒y también más complejos‒ es el destino de la población musulmana. Las fuentes reflejan una gran diversidad de situaciones, estrechamente vinculadas con las condiciones en las que se producía la toma del territorio. Ibn ‘Amīra en el prólogo de su Kitāb Tārīj Mayūrqa dice que los conquistadores “destruyeron su realidad; se apoderaron de su tierra y esclavizaron a sus habitantes; expulsaron la fe de su corazón y azuzaron a sus cuervos para adueñarse de su riqueza”.
El asalto y la lucha continuada llevaban a una rendición incondicional donde la población andalusí que no había emigrado o moría en batalla o era aprisionada. Este fue el caso de Mallorca o de algunas poblaciones andaluzas como Loja o Quesada, donde el reparto debía ser completo debido a la total desaparición de la población musulmana. La batalla o el sitio podían terminar en un pacto de capitulación, donde la mayoría de la población era forzada a abandonar las ciudades y reubicarse en el campo, o era directamente exiliada. Así se repitió en Baeza, Úbeda o Sevilla, entre otros lugares.
Habrá lugares concretos donde, por interés real (como la huerta de Valencia o el Vall de Uxó) o por pactos de pleitesía y capitulaciones tempranas, la población autóctona pudo permanecer incluso manteniendo su culto y costumbres. Sin embargo, las presiones a las que eran sometidos y los choques tras la llegada de los colonos pronto generaban un conflicto que, tras su represión, conllevaba la expulsión o conversión forzosa. Tales fueron los casos documentados en Andalucía y Murcia tras la llamada revuelta mudéjar de 1264, que redujo los reductos de población islámica que quedaban en dichos reinos, o la conversión general de 1502 tras la primera rebelión de las Alpujarras (1499-1501). Pese a esto, la presencia de población mudéjar y luego morisca en algunos lugares de la Corona de Aragón, especialmente en el reino de Valencia, pero también en Teruel, la Alpujarra y otras zonas de los reinos cristianos, fue muy importante hasta su expulsión definitiva. Además, en muchos casos, estos éxodos no fueron totales ni irreversibles. Esta herencia andalusí pervivió haciendo que la historia misma de los reinos cristianos sea incompresible sin tomar en consideración la aportación islámica.

Vemos la expulsión de los musulmanes de la Ciudad de Valencia, cuyos edificios más altos están coronados con medias lunas.
Con todo, la disparidad de las condiciones de los que se quedaron fue muy variada. En el propio reino de Valencia, en la parte norte que se corresponde con Castellón, las primeras fases de la conquista fueron acompañadas de un desplazamiento casi total de la población. No obstante, en los casos de la huerta de Valencia, de diversos valles como la Marina Alta, y también de algunas poblaciones interiores, la población musulmana siguió siendo mayoritaria durante siglos hasta su definitiva expulsión en 1609. Siguiendo el caso valenciano, existió una política real en la que Jaime I buscaba dar concesiones a los musulmanes que se quedaron para fijar aquellas poblaciones. Siguiendo el caso del Vall d’Uxó (Castellón), el rey Jaime extendió un perdón a los musulmanes sublevados con al-Azraq, caudillo musulmán que lideró las diversas revueltas mudéjares en el reino de Valencia, rivalizando con Jaime I. En dicho perdón de 1251 se lee:
“qui Déu mantenga, atorgat a tots los moros de la Vall d’Uxó, los quals reebé sots la sua fe, e que poblen e poblar façen la Vall de Uxó damunt nomenada, e les sues alqueries e los seus térmens a la dita Vall de Uxó determenats e assignats ans que.ls moros isquessen de la terra”.
Sin embargo, los propios libros de repartimiento y otras series documentales son testimonios de un fenómeno migratorio colonizador de cristianos del norte sobre las nuevas tierras conquistadas y muestran el principal efecto de la conquista: el desalojo de la población nativa, parcial o total, de los territorios que había ocupado durante generaciones, una dinámica común a los procesos de conquista. En aquellos contextos donde permanece una comunidad musulmana lo hará en forma de minoría segregada.
Estas poblaciones eran desplazadas y desposeídas, reasentadas tanto extramuros como en espacios rurales, quedando la mayoría de las grandes ciudades totalmente a disposición del repartimiento, con la excepción de los barrios confinados que conocemos como aljamas o “morerías”. En las viejas medinas, que eran centros de poder andalusí, las deportaciones y disgregaciones fueron enormes, quedando en muchos casos vacías con la excepción de estos barrios segregados.
2.2 La transformación del poblamiento y de los espacios agrarios
La conquista tuvo también un impacto decisivo sobre el territorio y el paisaje. Los sistemas agrarios andalusíes, caracterizados por un uso intensivo y altamente especializado del espacio, fueron modificados para adaptarse a las necesidades extensivas de los nuevos dominadores.
El modelo feudal favorecía cultivos como el cereal, la vid y el olivo, más adecuados para la extracción de rentas. Este cambio implicó la reorganización de la producción agraria y la transformación de las infraestructuras existentes. En algunos casos, se aprovecharon sistemas hidráulicos andalusíes; en otros, se abandonaron o modificaron sustancialmente.
El poblamiento también experimentó cambios significativos. Muchas alquerías (núcleos rurales característicos de al-Ándalus) fueron abandonadas o transformadas. En su lugar, se desarrollaron núcleos más concentrados, organizados en torno a villas o nuevas fundaciones, siguiendo patrones propios del mundo feudal.

El éxito o fracaso de la repoblación contenida en los libros propició el desarrollo o estancamiento económico de regiones enteras. Las zonas más inmediatas de frontera con el sultanato nazarí, como el reino de Jaén o el adelantamiento de Murcia, se supeditaron a su condición de espacio fronterizo, muy inestable por constantes razias de ambos bandos. Su gobierno fue, a menudo, entregado a órdenes militares para que guardasen el territorio. Así, espacios tan fructíferos como la Vega de la Murcia andalusí se sumergieron en un retroceso producido por la despoblación y la inestabilidad del que no se recuperarían a hasta el siglo XV. Otros espacios, como en Menorca, tras la conquista: “la reproducción preferente de ovejas para la obtención de cueros y lana fue la solución colonial hegemónica inmediatamente después de la conquista, cuando la isla estaba casi vacía de gente”.
En definitiva, la conquista cristiana supuso una transformación muy profunda, desde lo social y demográfico hasta lo económico y cultural. Si bien los conquistadores pudieron no tener como máxima la intención de erradicar la sociedad previa, las formas en las que se llevó a cabo dicha conquista y sus consecuencias propiciaron el cambio en las maneras que se han comentado. La misma existencia de los repartimientos, y los libros en los que se recogieron a partir del siglo XIII, son testimonios de estas transformaciones donde, a través de la reconfiguración del territorio tras la conquista, se encuentra contenida información sobre el pasado andalusí. Ahora bien, ¿qué era el repartimiento y como se plasmaba en los libros?
3. Repartimiento y sus libros
El repartimiento supone una entrega masiva de bienes muebles e inmuebles, tanto urbanos como rústicos, desde casas y huertos hasta árboles como olivos o morales, es decir, cualquier bien tomado tras la conquista, expoliado a la sociedad andalusí y entregado a grupos de colonos repobladores y a los beneficiarios de la conquista. El reparto estaba pactado de manera previa y fuertemente jerarquizado, basado tanto en el rango como en el mérito y aportación a la campaña bélica. Así, si seguimos el Llibre dels fets, la crónica autobiográfica de Jaime I de Aragón, tras la conquista de Mallorca, rápidamente se reunieron “los obispos y los ricoshombres… nos sugirieron que se subastaran los moros, las ropas y todas las cosas que había”.

El repartimiento es una acción planificada y organizada en primera instancia por la monarquía, donde se reparte el botín a los partícipes en la guerra y a la población de colonos que venían a sustituir a los nativos.
Evidentemente, antes del siglo XIII también se había conquistado y repartido el territorio, reflejándose el posterior proceso repoblador en fuentes documentales dispersas tales como privilegios, donaciones o cartas puebla, imprescindibles para el estudio, por ejemplo, de la repoblación del valle del Ebro. No obstante, en el siglo XIII se generaliza este modelo de conquista y poblamiento muy influenciado por el desarrollo de las administraciones reales o cancillerías, un fenómeno también común en el mundo feudal. Junto a la sistematización del uso del papel, dichas cancillerías comenzaron a producir una documentación “burocrática” más abundante y precisa con la que documentar y legitimar la redistribución del territorio conquistado.
Además de esto, los libros de repartimiento responden a un interés creciente de los reyes y señores por conocer con exactitud el número de propietarios y las características de las propiedades. El control de esto, gracias a elaborados registros, permitía crear sistemas de tasación más eficientes para recaudar la renta de la que los señores feudales vivían. La rigurosidad de los datos es llamativa ya desde los primeros libros, como en los casos de Mallorca, Valencia o Sevilla. Su complejidad aumentará hacia manifestaciones más elaboradas como los libros de reparto del siglo XV, que se dieron durante y después la conquista de Granada.
El libro de repartimiento es resultado de la maduración del proceso colonizador. Constituye una compleja labor de recolección y toma de datos sobre el terreno llevada a cabo por grupos profesionales de locatores o partidores, asistidos por cuadrillas numerosas con agrimensores y expertos en el terreno, en muchos casos ayudados por los “sabios moros”, colaboradores musulmanes que eran claves para un mayor conocimiento del medio. Así, las cancillerías confeccionaron “un artefacto de valor probatorio, que incluía derechos y obligaciones de fincas y personas, así como cambios de propietarios”.

También se ha de suponer que los libros son solo una pequeña parte conservada de todo este trabajo de reparto que debió de generar torrentes de papel fruto del trabajo de todos estos especialistas.
Así como los contextos de conquista eran numerosos, no se ha de entender el libro de repartimiento como una fuente cerrada, que se hacía igual en todos los reinos y contextos. Hay una enorme variedad de casos y una evolución en los mismos. El caso del Llibre del repartiment de València no es resultado de una acción ordenada de distribución de lotes, sino que constituye realmente un documento complejísimo en el cual se recogen donaciones desordenadas, donde hay una disparidad entre los registros y sus cronologías. En sus páginas observamos la mano de diversos escribanos, borrones, correcciones…

La transcripción del primer tachón dice: [Curz al margen.] [Asiento tachado y cancelado con dos aspas:] Oxova de Peralta, III. jovatas in Maçamagrel de illa hereditate que erat de Abdohabela Abenoha Alchariç, cum domibus quas ibi habebatur. VII. idus julii.
Pese a estar tachado y quedar invalidado, sirve para hacerse una idea del contenido habitual: identificación del beneficiario, descripción de la propiedad, su extensión y valor, así como su antiguo propietario musulmán. Si se avanza a los años 1487-1496, el libro del repartimiento de Málaga muestra que, aunque desarrollado, la estructura y el método de reparto es similar, aunque en este caso mucho más ordenado y extenso.
La estructura de los libros es muy variada y cada caso particular presenta sus singularidades. Pese a esto, el orden del reparto de realizó generalmente siguiendo un orden jerárquico, el cual ejemplifica la concepción dual del repartimiento: recompensar a quienes habían participado en la conquista y garantizar la ocupación efectiva del territorio.

De manera paradigmática, el Libro de Repartimiento de Sevilla, el primero en ser conservado del caso andaluz, divide su estructura siguiendo el término de donadíos, entendidos como donaciones o regalías, que son a su vez mayores y menores, y los heredamientos, concesiones de tamaño medio y pequeño destinadas a caballeros de menos rango o colonos.
Siguiendo esta estructura, los primeros premiados del reparto son familiares del rey y personajes de la alta nobleza y clero (o incluso concejos), que o bien son del entorno del monarca o han contribuido significativamente a la conquista. La diferencia entre el mayor y el menor se hacía conforme al recompensado, su estatus y su mérito. Así, los nobles más beneficiados solían recibir grandes posesiones agrarias, como eran las grandes almunias andalusíes. Mientras, la nobleza de menos estatus recibía fincas o terrenos de menor extensión. Este reparto “mayor” se hacía a título de donaciones graciosas del rey, buscando recompensar a los grandes del reino y a los involucrados en la conquista; a diferencia de los heredamientos, no había ninguna obligación para su disfrute.
Los últimos, en cambio, son lotes fijados y estandarizados tras la labor de los partidores que se repartían entre los nuevos colonos que venían a repoblar tanto las ciudades como los campos. Como el objetivo era fijar población, los que recibiesen el lote tenían ciertas obligaciones que variaban según el caso, pero que principalmente implicaban la prohibición de abandonar el lugar, estar casados, o defender el sitio si fuese necesario.

4. Conclusión: El libro de repartimiento como fuente histórica
Lejos de ser meros registros administrativos, los libros de repartimiento ofrecen una visión de un periodo de cambio, reflejando, a modo de palimpsesto, la construcción de un nuevo orden y, al mismo tiempo, escondiendo tras sus páginas huellas de la sociedad andalusí. Su valor para el estudio del pasado medieval es indudable, aunque plantea cuestiones metodológicas. Estos documentos brindan información excepcional sobre la conquista y la organización del territorio, permitiendo conocer la distribución de la propiedad, la jerarquía social de los beneficiados y las estrategias de colonización. Además de ello, contienen importantes datos sobre la sociedad andalusí que permiten rastrear topónimos, nombres de propietarios musulmanes, estructuras agrarias e incluso algunos rasgos de la organización social.
Su uso, en cambio, presenta algunas limitaciones. Por un lado, como se ha mencionado, solo se conserva una parte de los documentos originales, lo que condiciona la visión del proceso. Por otro, se tratan de fuentes elaboradas por los conquistadores, lo que implica una perspectiva parcial y, en ocasiones, distorsionada.
En definitiva, resulta imprescindible complementar su análisis con otras fuentes, tanto documentales como arqueológicas. Por ejemplo, las fuentes árabes aportan una visión diferente desde la perspectiva de la población musulmana; del mismo modo, la arqueología también sirve para contrastar y ampliar la información contenida en los libros.
En definitiva, los libros de repartimiento constituyen una fuente fundamental para comprender uno de los procesos más decisivos de la historia medieval peninsular.
Para ampliar:
- Soto i Company, R., Guichard, P., Torres Fontes, J. et al (coord.). De Al-Ándalus a la sociedad feudal: los repartimientos bajomedievales. Anuario de Estudios Medievales, Anejo 25, 1990.
- Eiroa Rodríguez, J. (ed.). La conquista de Al-Ándalus en el siglo XIII. Cuadernos de la Cátedra de Historia Medieval 12. Murcia: Editorial de la Universidad de Murcia; Centro de Estudios Medievales de la Universidad de Murcia, 2012.
- Guinot, E., Torró, J. (eds). Repartiments a la Corona d’Aragó (segles XII-XIII). Valencia: Servei de Publicacions de la Universitat de València, 2007.
- Martínez Sopena, P. “Poblar y repartir en el siglo XIII.” En Expertise et valeur des choses au Moyen Âge. II, editado por Laurent Feller y Ana Rodríguez. Madrid: Casa de Velázquez, 2016. pp 57-83.
- Retamero, F. “Lo que el tamaño importa. Cuando y por qué se modificaron los antiguos sistemas hidráulicos andalusíes.” Arqueología Espacial 26. 2006. pp. 293-310.