Al-Andalus fue, sin lugar a dudas, un país de ciudades, donde florecieron numerosas ciudades, diversas y activas, a lo largo de los ocho siglos de la historia andalusí. Estas ciudades, dotadas de un extraordinario corpus documental, textual y material, y de una historiografía impresionante, están, no obstante, casi invisibles en la historia urbana.
Christine Mazzoli-Guintard
Nantes Université

La historia urbana es el campo de la historia que se dedica al hecho urbano en su globalidad, anclado en el espacio y el tiempo, en la historia en definitiva; la historia urbana examina, pues, de manera diacrónica, todos los aspectos: económico, social, político, cultural, etc., del hecho urbano. Y al-Andalus desempeñó un papel fundamental en la historia urbana del Occidente mediterráneo en el medioevo, ya que fue la primera red de este espacio, primera por preceder a las demás redes, primera por ser más notable que las otras. Es necesario subrayar este papel fundamental desempeñado por al-Andalus en la historia urbana del Occidente mediterráneo medieval.
El nacimiento de la red urbana de al-Andalus: el emirato omeya
La actual red urbana española debe a los omeyas un número considerable de ciudades muy notables, a saber: la capital del Estado, Madrid, y capitales de comunidades autónomas o de provincias, Murcia, Almería, Badajoz, Guadalajara, Albacete, Lérida, y también ciudades de menor rango en la red administrativa. Calatayud, Calatrava, Alcalá de Henares, Alcalá de Guadaira, Alcalá la Real, Medinaceli, Medina-Sidonia y tantas otras ciudades medianas conservan, en su etimología y/o en su patrimonio arquitectónico, una historia arraigada en la época de los omeyas. El nacimiento de la red urbana de al-Andalus se inscribe en la época del emirato (756-929) y los tiempos fundadores están marcados por una dinámica de fundaciones sin parangón.
El amplio proceso de creaciones de núcleos urbanos nuevos fue acompañado de la revitalización de ciudades antiguas, en particular en Córdoba, capital del emirato: los emires hicieron las obras necesarias para la instalación del nuevo poder que iba a tomar el control de la ciudad y del Estado. El programa del emir `Abd al-Raḥmān I (756-788) consistió en crear la infraestructura básica del Estado, alcázar y mezquita aljama, dentro de la ciudad heredada de la Antigüedad, y en empezar la dinámica del espacio periurbano, mediante la edificación de una residencia periurbana. La revitalización de las ciudades romanas también afectó a las ciudades de las provincias del emirato: cuando en el siglo IX los vikingos amenazaron al-Andalus como lo hicieron con los demás reinos de la zona, atacando Lisboa, Cádiz, Sevilla, Saltés, Algeciras, etc., los emires consolidaron las murallas heredadas de Roma. Cuando en el siglo IX algunos rebeldes se opusieron a la autoridad del emir omeya, en particular en las marcas alejadas de la capital cordobesa, los emires fortificaron las ciudades para proteger al gobernador y a sus tropas: la situación mejor documentada es la de Mérida, con la construcción de una fortificación (ḥiṣn) en 835.

Y es precisamente con el fin de hacer contrapeso a las fuerzas centrífugas que amenazaban el Estado omeya en las marcas que los emires fundaron núcleos fortificados que, al desarrollarse, dieron lugar a ciudades nuevas, en un proceso de fundaciones sin parangón en la historia urbana andalusí. El movimiento siguió la situación de la política interior, de tal forma que la escasez de fundaciones en época del reinado pacífico de Abd al-Raḥmān II contrasta con la multiplicidad de creaciones por parte de Muḥammad I, que enfrentó la fitna. Al primero, se le debe la creación de Murcia. El segundo construyó o reconstruyó (banā) Madrid, Talamanca, Calatayud, Daroca, Calatrava. En cuanto a Úbeda y a Elvira, fueron creadas por el primero o por el segundo, según las fuentes. El movimiento de fundaciones empezó con el emir al-Ḥakam I (796-822), relacionado con la creación de Tudela, hacia el año 802: existen escasas evidencias de un hábitat anterior a la fundación por Amrūs por lo cual se supone que el núcleo anterior al año 802 estaría rodeado por una muralla, reformada por Amrūs, que hizo obras (banā) en Tudela. La fundación de Murcia en 825 está relacionada con el conflicto entre dos clanes árabes de la región: el emir Abd al-Raḥmān II ordenó la destrucción de Ello y la fundación de Murcia, que será la nueva capital de la cora. La arqueología, sin embargo, no nos puede ayudar a entender qué forma tuvo la Murcia fundacional. En cuanto a la ciudad de Elvira, se fundó a mediados del siglo IX; en los alrededores de la alcazaba, ubicada en el Cerro del Sombrete, se desarrollaron núcleos de hábitat; la ciudad fue dotada de una mezquita aljama en 864-865, construida fuera de la alcazaba. Tras la destrucción de Calatrava por los rebeldes toledanos en el año 853, el emir Muḥammad I ordenó su reconstrucción y se acabaron las obras en 855; a partir de esta fecha, Calatrava no perdió el impulso urbanizador dado por la decisión emiral y se convirtió en el lugar más poblado de la zona y en el principal punto de apoyo del poder omeya en la zona. Madrid entró en la historia hacia los años 860, cuando el emir Muḥammad I ordenó su fundación, según cuenta al-Rāzī; y la arqueología evidenció el nacimiento, en época omeya, de un poblamiento fortificado en la colina de palacio. Muḥammad I también hizo obras (banā) en Calatayud y en Daroca, hacia 862-863, sin que podamos saber qué trabajos fueron realizados, ya que las continuas obras de reparación y ampliación de las murallas de Calatayud hacen difícil datarlas, mientras que, en Daroca, la primera cronología andalusí corresponde a silos y cabe esperar a la segunda mitad del siglo X para detectar las primeras evidencias de un urbanismo complejo.
En época emiral, los rebeldes también crearon ciudades, aprovechándose de la ausencia del poder cordobés en el territorio que dominaban. Medinaceli y Guadalajara deben su nombre y su existencia a los Banū Salīm, que las dominaron hasta la primera mitad del siglo X, cuando los omeyas impusieron su control directo sobre la zona, sin pasar por sus aliados beréberes. Uclés fue edificada por al-Fatḥ b. Mūsā b. Ḏī l-Nūn al-Hawwārī, que se había rebelado en 873-874. Pechina fue dotada de una muralla y convertida en una madīna, entre 876 y 888, por los marinos que se habían apoderado de la zona y que pidieron al emir que reconociera su autoridad. Tras la destrucción de Lérida a comienzos del siglo IX por tropas francas, el rebelde Ismāīl b. Mūsā b. Lubb b. Qasī la reconstruyó en el año 883-884, impulso que insertó definitivamente Lérida en el proceso urbanizador. Badajoz fue fundada entre 885 y 888 por el rebelde muwallad Abd al-Raḥmān b. Marwān al-Ğilliqī quien, tras conseguir el amān por parte del emir, construyó una ciudad: fortificó el poblamiento para proteger a sus aliados, y escribió al emir para que este le diera oficialmente autoridad sobre la región y le mandara obreros para construir mezquitas y baños. Y la ciudad de la rebeldía por excelencia fue Bobastro, donde el rebelde Ibn Ḥafṣūn expresó la fuerza de su poder con la fundación, hacia 880, de una ciudad fortificada dotada de una mezquita aljama para manifestar plenamente su rebelión; el emir tuvo que luchar para sofocar la rebelión y destruyó la ciudad.

Los proyectos urbanos de época emiral tomaron el aspecto de un reducto fortificado que, al consolidarse y desarrollarse, se conviertieron en mudun y fueron centros de un distrito administrativo, religioso, económico y cultural, que estructuraban el poblamiento. Las situaciones mejor documentadas evidencian ciudades que tuvieron, en su primera etapa, el desarrollo polinuclear de la ciudad reticular o dispersa. Casi todas las ciudades nacidas época emiral no cesaron de desarrollarse hasta la fecha y conforman hoy buena parte de la red urbana española.
La edad de oro de la ciudad en al-Andalus: los siglos X y XI
Con el califato, siguió la dinámica de urbanización de al-Andalus, pero con un cambio de rumbo, tanto en el ritmo -con menos proyectos nuevos-, como en los actores -solo el califa funda ciudades- y en las formas -aparecen dos estructuras urbanas nuevas, la ciudad palatina y la ciudad portuaria-. Con el califato, aparece un nuevo y brillante modelo urbano, la ciudad palatina, modelo urbano conocido en Oriente donde la más prestigiosa fue Samarra, y en el Magreb con las fundaciones fatimíes. En al-Andalus, la ciudad palatina nació con el califato, con las fundaciones de Madīnat al-Zahrā’ hacia 936 y la de al-Madīna al-Zahīra en 979. Fueron ciudades fundadas por el soberano por su placer y para manifestar su poder. Por otro lado, la urbanización del litoral de al-Andalus, que había empezado muy tímidamente en época emiral, se consolida: en 914, el emir había fundado atarazanas en Algeciras tras apoderarse de la ciudad, lo que estimuló su desarrollo, y la urbanización del litoral tuvo lugar sobre todo en época califal, con la imposición del poder califal en el Mediterráneo. En 944-945, el califa Abd al-Raḥmān III fundó atarazanas en Tortosa y, en la ciudad en buena parte abandonada, ordenó la edificación de una aljama, además de baños, murallas y alcazaba. En 955, el califa fundó la ciudad de Almería, decisión califal que reforzó el papel de la ciudad y abrió el proceso que llevaría de la ciudad dispersa Pechina-Almería a la ciudad territorial, la Almería dotada de una muralla de piedra. Si los numerosos proyectos urbanos de época emiral desarrollados en las fronteras casi desaparecieron en época califal -en el año 946, Abd al-Raḥmān III reconstruyó Medinaceli para que pudiera servir de fortaleza contra Castilla-, aparece en cambio un nuevo modelo urbano en las zonas de rebeldía, la efímera ciudad de asedio, que permitía sitiar a los rebeldes, así Madīnat al-Fatḥ edificada en 930 para asediar Toledo, al-Madīna construida para sofocar Bobastro o al-Ğazīra levantada contra Zaragoza en 935.

La introducción de la ciudad palatina en al-Andalus había abierto el siglo de oro de la historia urbana, que llegó a su apogeo en el siglo XI, cuando se multiplicaron las capitales y al-Andalus inventó una nueva estructura urbana, la ciudad con alcazaba, que irá difundiéndose en el resto de la dār al-islām en el siglo XII. La difusión de las capitales en el siglo XI con la aparición de los soberanos de las taifas fue un fenómeno que se desarrolló a partir de la red urbana anterior, salvo en el caso granadino, donde los zīríes, aprovechándose de la fitna, fundaron un emirato independiente y dotaron su estado de una capital que era una ciudad nueva, ubicada en la colina del Albaicín a partir del año 1013.
La presencia de la alcazaba, fortificación que servía de residencia al soberano de la taifa, fue constante en las capitales del siglo XI, de tal forma que al-Andalus desempeña un papel esencial en la historia urbana del Islam al inventar un modelo nuevo de ciudad, la ciudad con alcazaba que se difundirá en toda la dār al-islām a partir del siglo XII y se convertirá en la morfología urbana más frecuente en los siglos XII-XV. También llamada ciudad de los jinetes por el protagonismo de los militares en la vida política, la ciudad con alcazaba otorgó un papel esencial al aspecto defensivo: la alcazaba dominaba la ciudad por su posición de altura frente al hábitat y por su dominio topográfico sobre la ciudad; en Guadix por ejemplo, la alcazaba ocupaba el 10% del espacio urbano. Alejada de la alcazaba y en el centro urbano, se encontraba en general la mezquita aljama, como se advierte en Granada, Guadix, Málaga, Almería, etc., de modo que la ciudad con alcazaba contaba con dos territorios distintos en el espacio de la ciudad, el de las autoridades político-militares, y el de las autoridades religioso-judiciales, conformando así una estructura urbana innovadora.
La consolidación de la red urbana: los siglos XII-XV
A partir del siglo XII, la historia urbana de al-Andalus entró en un periodo de consolidación de las ciudades y de densificación de la red urbana, utilizando los modelos elaborados en las épocas anteriores. En épocas almorávide y almohade, casi no hubo proyectos urbanos nuevos, sino que los soberanos beréberes se dedicaron a fortalecer las ciudades existentes: los almorávides hicieron obras de refección en las murallas urbanas y proyectaron la ampliación del recinto de su capital de provincia en al-Andalus, Sevilla. Los almohades siguieron y amplificaron el proceso: acabaron la nueva y amplísima muralla sevillana, otorgaron a Sevilla el urbanismo de una capital, ampliando la zona palatina y construyendo una nueva mezquita aljama, y dieron más autonomía a las alcazabas urbanas que se convirtieron en microcosmos de las ciudades. Los almohades impulsaron los parcos proyectos urbanos nuevos de la época: el califa `Abd al-Mu’min proyectó construir una ciudad destinada a ser una base militar en al-Andalus, Madīnat al-Fatḥ, ubicada en el Ğabal Ṭāriq, donde existía una fortificación. La decisión califal, que implicó notables obras a partir de la primavera de 1160 para nivelar el terreno, construir palacios y casas, edificar la muralla urbana, está al origen de una ciudad nueva, Gibraltar. Los almohades también emplearon el modelo urbano de la ciudad de asedio para apoderarse de Almería: la Almudayna fue edificada al principio del verano del año 1157 para aislar la alcazaba; en el Cerro de San Cristóbal quedan hoy vestigios fortificados, identificados con la Almudayna, y análisis recientes evidenciaron construcciones realizadas en épocas distintas, desde época taifal hasta época nazarí. En cualquier caso, al igual que las anteriores ciudades de asedio, Almudayna fue un proyecto urbano abandonado cuando ya no había motivo para mantenerlo.
Con los nazaríes, al-Andalus reanudó con la ciudad palatina: Muḥammad I, tras haberse instalado primero en la antigua alcazaba de los zīríes, fundó la ciudad palatina de la Alhambra, cuando se había afianzado en el poder. Algo más tarde, los meriníes fundaron otra ciudad palatina en al-Andalus, al-Binya, al lado de Algeciras. En época nazarí, las ciudades eran ‘ciudades territoriales’, con un tejido urbano continuo y una estructura urbana delimitada por murallas, y respondían al modelo urbano elaborado en el siglo XI, a saber la ciudad con alcazaba. El modelo acentuó su vertiente religiosa: jamás las ciudades de al-Andalus habían tenido tantas mezquitas, 18 en Vélez-Málaga, más de 26 en Málaga, unas veinte en Ronda, 64 en el Albaicín granadino, y 5 en Loja. En el reino nazarí, que era el espacio más urbanizado de todo el continente europeo y del Mediterráneo occidental, se desarrollaron pequeñas ciudades: algunas eran villas de la frontera, a medio camino entre lo rural y lo urbano, otras eran poblaciones del interior del emirato que llegaron a transformarse en ciudades, así, y por poner un ejemplo, Andarax. La ciudad fue el centro de un emirato muy efímero, en 1327-1328; famosa por su riqueza agrícola y artesanal que alimentaba un mercado semanal en el siglo XIII, fue también el centro de un distrito fiscal y fue un centro cultural, ya que a su nombre están asociados en el siglo XIV cinco sabios. En suma, fue una pequeña ciudad del reino nazarí y contribuyó a reforzar la red urbana de al-Andalus.

Conclusión
La historia urbana de al-Andalus consta de una fase muy densa de fundaciones de núcleos urbanos nuevos y de transformaciones de varias ciudades heredadas, a saber el periodo emiral, que desempeña el papel esencial en la urbanización de este territorio del Islam, al iniciar el proceso de desarrollo urbano. Los siglos X y XI, con sus capitales y la invención de un nuevo modelo urbano, marcan el apogeo de la historia urbana andalusí, mientras que los siglos XII-XV representan un amplio tiempo de consolidación y densificación de la red urbana. Esta historia urbana, por otro lado, es rica de la diversidad de sus ciudades: hubo variantes en el tiempo (la ciudad reticular de época omeya, la ciudad doble cuando surgió la ciudad palatina en el siglo X, etc.). Hubo variantes relacionadas con el papel de la ciudad: las capitales fueron muy pobladas y tuvieron espacios palatinos extendidos, arrabales a menudo densamente poblados, infraestructuras comerciales dedicadas al comercio de largo alcance para satisfacer las necesidades de la corte. Las ciudades portuarias tuvieron marsā y atarazanas, las ciudades industriales espacios destinados a las actividades productivas, así en Saltés la zona de los talleres metalúrgicos.
Es decir que es necesario deconstruir definitivamente las antiguas categorías de la historiografía orientalista (ciudad islámica/árabe/oriental) en provecho de categorías nuevas (ciudad omeya/almohade; ciudad capital/ciudad de frontera, etc.), que solo nos permitirán seguir reflexionando sobre un espléndido mundo urbano, el de las ciudades de al-Andalus, tan importante para la historia urbana del medioevo y tan fundamental para la actual red urbana española: esta red es esencialmente legado andalusí, ya se trate de las antiguas ciudades revitalizadas por el Islam o de las ciudades fundadas, implantaciones urbanas que sobrevivieron a lo largo de los siglos, desde la época emiral en muchos casos hasta nuestro siglo XXI.
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