Las mezquitas tempranas de al-Andalus

En el marco del debate en torno al origen y la difusión de los primeros espacios de culto musulmanes en la península ibérica, un equipo de investigación integrado por diversas instituciones españolas ha puesto la atención en dos yacimientos arqueológicos que proporcionan algunas de las evidencias más antiguas de arquitectura religiosa islámica andalusí: El Tossal de la Vila y El Molón 


Joan Negre

Escuela de Estudios Árabes


 Restos de la mezquita de El Tossal de la Vila

Este texto tiene como objetivo presentar, de forma resumida y divulgativa, los resultados de una reciente publicación sobre mezquitas en el temprano al-Andalus. El trabajo ha sido elaborado por un equipo de investigación integrado por diversas instituciones españolas, y trata de contribuir al debate en torno al origen y la difusión de los primeros espacios de culto musulmanes en la península ibérica. Para ello, hemos puesto la atención en dos yacimientos arqueológicos que han proporcionado algunas de las evidencias más antiguas de arquitectura religiosa islámica andalusí: El Tossal de la Vila (Serra d’en Galceran, Castellón) y El Molón (Camporrobles, Valencia).

No obstante, nuestras reflexiones pretenden ir más allá de la mera presentación de estos casos de estudio. Ambos enclaves se insertan aquí en una consideración más amplia sobre la competencia de la arqueología para abordar problemáticas de carácter transversal, tales como la aparición de las primeras mezquitas en al-Andalus, los modelos arquitectónicos que adoptaron, las funciones que desempeñaron y, en última instancia, los procesos históricos, sociales y religiosos que sustentaron su construcción.

Fuentes escritas y evidencia material: coincidencias y contradicciones 

Durante décadas, el análisis de las fuentes escritas y la investigación arqueológica han constituido las dos perspectivas más habituales para abordar el estudio de la formación del mundo islámico durante los primeros siglos tras la Hégira. Ambos enfoques han proporcionado lecturas complementarias a esta problemática, aunque tampoco ha sido extraño que surgieran contradicciones entre ellas. En este marco, la construcción de las primeras mezquitas ha sido un eje primordial de estas discusiones, preocupadas especialmente por la integración progresiva de nuevas poblaciones en el islam, tanto en su faceta religiosa, como en su lectura como fenómeno de hibridación cultural, social y económica. La adopción de nuevas creencias, normas ideológicas o incluso modelos arquitectónicos no fue un proceso lineal ni exento de conflicto, sino que implicó un diálogo asimétrico con otras religiones y grupos humanos que dio lugar, en última instancia, al nacimiento de una sociedad islámica heredera de mundos muy diversos.

En este marco historiográfico, un problema metodológico recurrente ha sido el del uso y abuso de los datos contenidos en las fuentes escritas, redactadas en ocasiones siglos después de los hechos que describen. Se trata de una cuestión que ha llevado a una profunda reflexión epistemológica desde el arabismo, que ha tratado de fijar los límites de la información manuscrita y la importancia de la crítica textual. Por ejemplo, desde esta perspectiva más cauta se ha tratado de contextualizar, dentro de un fenómeno posterior de legitimación política y proselitismo, algunos de los episodios milagrosos en los que ciertos autores árabes atribuyen la fundación de varias mezquitas tempranas a compañeros o seguidores del Profeta. Ejemplos conocidos de este tipo de narraciones en el Oriente islámico y el norte de África encuentran paralelos también en al-Andalus, donde se atribuye la fundación de las primeras mezquitas de la Península a figuras como Mūsà b. Nuṣayr o Ḥanaš b. ʿAbd Allāh.

Ante esta situación, y con la necesidad de superar enfoques circulares basados en el uso literal de las fuentes escritas para la datación de restos arquitectónicos, la arqueología debe plantearse el reto de aportar nuevos datos y lecturas al estudio de esta problemática. Un esfuerzo relevante en esta dirección ha sido la creación del corpus de acceso abierto Early Islamic Mosques Database, impulsado por la profesora Hagit Nol desde la Universidad de Frankfurt. En él, sistematiza cerca de un centenar de mezquitas excavadas y fechadas arqueológicamente con cierta seguridad entre los siglos VII y IX. A partir de las evidencias analizadas, la arqueóloga sugiere que la arquitectura religiosa temprana tuvo un desarrollo bastante acotado al mundo oriental mediterráneo y pone en duda algunas de las dataciones asociadas a ciertas plantas de grandes mezquitas orientales, tradicionalmente vinculadas a este período. Este proyecto ha permitido subrayar la necesidad de integrar críticamente fuentes escritas y datos arqueológicos, especialmente al analizar contextos de cronologías tempranas, como el que representa la formación de al-Andalus.

Desde la periferia: algunos ejemplos de mezquitas tempranas en al-Andalus 

El estudio de las mezquitas andalusíes a través de los textos ha permitido el desarrollo de una escuela historiográfica sólida y prolífica, capaz de generar un amplio corpus de casos y una reflexión epistemológica profunda, donde sobresalen los trabajos de Carmen Trillo, Alejandro García Sanjuán o Susana Calvo, entre otras. No obstante, la complejidad de esta problemática exige hoy una aproximación metodológica que integre de manera equilibrada las fuentes arqueológicas y textuales como dominios independientes y complementarios, superando los razonamientos circulares derivados del uso literal de los manuscritos árabes para fechar restos monumentales.

En cuanto a la investigación arqueológica de las mezquitas tempranas en al-Andalus, uno de sus rasgos fundamentales ha sido el dominante carácter urbano de los ejemplos estudiados. Esta tendencia responde, por un lado, al interés de la historia del arte y de la arquitectura por los grandes edificios monumentales, mayoritariamente situados en las principales ciudades, y, por otro, al desarrollo de una intensa actividad arqueológicas de carácter preventivo asociada a los procesos de urbanización contemporáneos. Así, los trabajos de arquitectos como Leopoldo Torres Balbás y Félix Hernández, así como los de historiadores del arte como Henri Terrasse y Basilio Pavón, constituyen hitos fundamentales en el estudio de los restos conservados, en muchas ocasiones acompañados de pioneras intervenciones arqueológicas.

Así sucede con el paradigmático ejemplo de la aljama de Córdoba, un caso que constituye una excepción destacada, ya que la correlación entre fuentes escritas y evidencias arqueológicas es particularmente consistente. Gracias a las actuaciones de investigadores como Félix Hernández, Pedro Marfil, Alberto León o Raimundo Ortiz, entre otros, se ha podido datar con mayor solidez la planta fundacional de este edificio, cuya construcción habría sido iniciada por el emir ʿAbd al-Raḥmān b. Muʿāwīya y finalizada por su hijo Hišām a finales del siglo VIII.

Otras grandes aljamas, como las de Sevilla, Zaragoza o Tudela, han sido objeto de estudios similares, aunque con un menor grado de precisión en sus resultados, lo que no nos permite usarlas en nuestra aproximación a la problemática de las mezquitas tempranas. Los trabajos allí realizados han combinado enfoques artísticos, arquitectónicos y, en menor medida, arqueológicos, apoyados por analogías formales procedentes de ejemplos mejor conocidos, como el cordobés. En todos estos casos, los restos exhumados de la primera fase conservada del oratorio han sido muy limitados, en varios de ellos circunscritos a unos pocos metros de alguna de sus esquinas. En este sentido, resulta apremiante rehuir el excesivamente común uso de analogías arquitectónicas por parte de algunos de estos estudios, especialmente cuando los restos conservados no permitan justificar de manera fehaciente los paralelos propuestos.

Y es que el registro arqueológico recuperado durante la excavación de estos ejemplos tampoco ha permitido asociarlos a una cronología determinada, sino que habitualmente son las fases posteriores, mejor fechadas, las que han servido para establecer un ante quem para los restos más antiguos. Es por ello por lo que, finalmente, estas excavaciones se han visto obligadas a recurrir a la información escrita, habitualmente redactada siglos más tarde que los hechos que describen, con el objetivo de situar en el tiempo aquellos escasos restos amortizados por construcciones más tardías.

Fig. 1 Mapa de distribución de las mezquitas tempranas mencionadas en el texto, diferenciando entre aquellas documentadas arqueológicamente y de las que no disponemos de clara constatación material [Imagen propia. Mapa base de Dirk Blaschta (DAI, USGS, GEBCO)]

Un ejemplo más sólido, en cambio, es el del gran oratorio identificado en el Cortijo de las Mezquitas (Antequera), objeto actualmente de un extenso proyecto de investigación arqueológico y arquitectónico dirigido por el equipo de María de los Ángeles Utrero y Angelo Castrorao, quienes fechan su fundación a finales de época emiral, con una posible reforma algo posterior. Las dimensiones, soluciones arquitectónicas, aparejo, abastecimiento de materias primas y ejecución unitaria parecen apuntar hacia una fundación urbana de carácter estatal que pudo quedar interrumpida antes de su finalización. Su estudio, además, ha permitido abordar una interesante problemática como es la del papel de estos edificios en la fundación de nuevas ciudades, como la que tal vez se quiso desarrollar sin éxito a su alrededor. También la de la transformación de centros urbanos preexistentes, como habría sido el caso de la posible mezquita de Reccopolis, identificada recientemente mediante prospección geomagnética en un proyecto dirigido por Lauro Olmo.

Sin alejarnos del ámbito urbano, cabe destacar también los ejemplos de la mezquita congregacional de la pequeña ciudad de Mértola, de cuya existencia, planta y cronología emiral debemos agradecer la noticia a Susana Gómez; o los oratorios privados de las ciudadelas de Badajoz, excavado por Fernando Valdés y atribuido a la iniciativa de ʿAbd al-Raḥmān b. Marwān al-Jillīqī, y de Mérida, ligado a la fundación del alcázar y estudiado por Miguel Alba y Santiago Feijoo. A todo ello hay que sumar un creciente interés por las pequeñas mezquitas de barrio, especialmente en Córdoba, gracias a trabajos de síntesis como los de Carmen González-Gutiérrez y a excavaciones como la de la mezquita de la Ronda Oeste, dirigida por Cristina Camacho, pero también otras algo posteriores como la de Tornerías, en Toledo, excavada por Arturo Ruiz Taboada. Estos ejemplos, a los que, a buen seguro, se sumarán nuevos casos a lo largo de la Península durante los próximos años, permitirán progresivamente ampliar el conocimiento sobre el papel articulador de las mezquitas en todos los ámbitos del mundo urbano.

Así pues, el escenario dibujado a partir de los trabajos arqueológicos que se habían realizado hasta la fecha parecía apuntar de manera decidida hacia el papel protagonista de las ciudades como vehículo inicial para la difusión de este tipo de edificios en al-Andalus. Sin embargo, más recientes estudios han identificado otras instituciones que pudieron haber desempeñado este mismo papel en zonas rurales y periféricas, tan pronto o incluso antes que los centros urbanos. Estos casos son, precisamente, los que queremos abordar a continuación.

Fortificaciones y mezquitas tempranas en el Šarq al-Andalus 

El territorio septentrional del Levante peninsular, adscrito tras la conquista a la órbita de influencia de las ciudades de Tortosa y Valencia, fue el escenario de uno de los primeros programas de construcción de fortificaciones en al-Andalus. André Bazzana fue uno de los primeros investigadores en interesarse por estos recintos, al tiempo que esbozaba distintos escenarios a los cuales podía responder su aparición: el control viario, el asentamiento de campesinos que trataban de escapar de poderes territoriales en auge o incluso el desarrollo de la actividad ganadera, entre otros. También listó ciertas características que parecían coincidir entre ellos, como las técnicas constructivas empleadas en su edificación, sus soluciones arquitectónicas o la elección de emplazamientos aislados y de difícil acceso.

Hoy, con una nómina de ejemplos notablemente más amplia gracias a recientes trabajos de prospección y excavación, el panorama que se nos presenta es ciertamente más rico en detalles y podemos diferenciar con claridad entre dos tipos diferentes de fortificaciones, ya intuidos por el investigador francés: aquellos en los que se identifican estructuras de hábitat y una mayor complejidad en su urbanismo, y otros, caracterizados como amplios apriscos sin estructuras construidas en su interior. Se trata de un conjunto aún lejos de constituir un corpus cerrado o mínimamente definitivo, pero podemos vincular cada una de estas tipologías con lo que las fuentes árabes describen como ḥuṣūn (sing. ḥiṣn), es decir, fortalezas, y marābiṭ (sing. marbaṭ), en referencia a cercados de características más sencillas. Ambas se distribuirían a lo largo de los principales caminos, en las que tropas o jinetes de diversas procedencias podrían hacer noche o incluso establecerse de manera temporal. Así se describe, de manera elocuente, en una misiva entre el gobernador de Tortosa, ʿUbayd Allāh b. Yaḥyà, y el emir de Córdoba, ʿAbd al-Raḥmān b. al-Ḥakam, fechada en el año 850 y transcrita posteriormente por Ibn Ḥayyān.

Tanto El Tossal de la Vila (Serra d’en Galceran, Castellón) como El Molón (Camporrobles, Valencia), yacimientos excavados durante más de quince años por el equipo responsable del artículo del que deriva este texto, responden en su planificación a la primera de estas categorías y presentan un conjunto de características análogas que resultan acordes a su naturaleza y funciones. Situadas en cerros a gran altura y junto a importantes ejes viarios, ambas fortificaciones muestran unas dinámicas de ocupación idénticas, que se extienden desde mediados del siglo VIII hasta la proclamación del Califato. Así lo confirman sus registros materiales y las múltiples dataciones radiocarbónicas realizadas en los restos biológicos recuperados durante su excavación.

Fig. 2 Mapa de situación de los dos yacimientos presentados dentro del contexto geográfico correspondiente al extremo septentrional del Šarq al-Andalus, con indicación de las principales vías de comunicación [Imagen propia. Obra derivada de BTN CC-BY 4.0 ign.es]

Con soluciones poliorcéticas similares y un desarrollo urbanístico muy limitado, las fases fundacionales de ambas responden a unos modelos de asentamiento en los que prima un diseño del hábitat simple y con reformas de poca entidad. Todo ello se conjuga con unas estrategias económicas en las que parece primar la subsistencia más básica y donde los productos secundarios de la cabaña priman sobre la explotación orientada al consumo, con un registro de actividad agrícola muy limitado. Además, y en relación con la problemática que ahora nos interesa, resultan de gran relevancia ciertos indicadores que apuntan hacia la descripción de sus ocupantes como poblaciones tempranamente islamizadas. Así se desprende de una ortopraxis alimenticia donde el consumo porcino es prácticamente inexistente o, especialmente, de la construcción de sendas mezquitas en cronologías muy precoces, sobre todo si atendemos a la situación periférica y marginal de ambos ejemplos.

En este sentido, los casos de El Tossal y El Molón son los primeros ejemplos conocidos de una tipología de mezquita que no había sido documentada hasta el momento en otras regiones del mundo islámico. Entre sus principales características, cabe destacar que se trata de lugares de culto con una sala de oración sin subdivisiones y paralela a la alquibla, donde se encontraría también el principal acceso a la misma. Contarían con un patio, simétrico al espacio del rezo, aunque sin una delimitación rígida o completamente cerrada. Una de sus peculiaridades más destacadas sería la existencia no de un miḥrāb, como sería habitual, sino de dos de ellos, idénticos y coetáneos, de morfología rectangular y proyectados ligeramente hacia el exterior. 

Fig. 3 Reconstrucción ilustrada hipotética del aspecto del sector sur del yacimiento de El Tossal de la Vila, presidido por la mezquita [Imagen propia. Ilustrador: Iñaki Diéguez; Asesoramiento: Joan Negre]

Sus técnicas constructivas responden a tradiciones locales de sencilla factura, mediante las cuales aprovechan mampuestos y ortostatos extraídos in situ y ligados a hueso o con tierra, para generar un zócalo sobre el cual desarrollan un alzado de tierra. La armadura de su cubierta se limita a una estructura simple de vigas entrelazadas con correas de madera, mientras que el tejado se finaliza mediante cobertura vegetal, losas de piedra y barro. Finalmente, resulta muy relevante la constatación del uso de métodos de astronomía popular, basados en la posición conocida del Sol durante los solsticios, para orientar ambas mezquitas. Una solución que, como veremos, resultará dominante entre los primeros oratorios musulmanes de al-Andalus.

Tomadas estas evidencias en consideración, y atendiendo a una cronología fundacional bien establecida en el siglo VIII mediante múltiples dataciones radiocarbónicas en contexto, planteamos la posibilidad que estas mezquitas respondan a un modelo constructivo de carácter local, que se relacionaría con las primeras manifestaciones de arquitectura religiosa islámica documentadas en estos territorios. Su ubicación, cercana a fronteras, costas y zonas en conflicto, habría resultado un aspecto clave para la instalación allí de estos grupos tempranamente islamizados.

Fig. 4 Reconstrucción 3D hipotética del aspecto del entorno de la mezquita excavada en el yacimiento de El Molón [Imagen propia. Infografía: J. Quesada; Asesoramiento: Alberto J. Lorrio y Mª Dolores Sánchez de Prado]

A modo de síntesis: características de las primeras mezquitas de al-Andalus 

Si se consideran únicamente aquellos ejemplos cuya cronología y planta fundacional han podido establecerse con seguridad mediante evidencias arqueológicas, el conjunto de mezquitas tempranas documentadas en la península ibérica se reduce a apenas una decena de casos. A pesar de la modestia de este corpus, resulta posible formular algunas reflexiones preliminares acerca de sus características fundamentales y del papel que pudieron desempeñar en el proceso histórico que dio lugar a la formación de al-Andalus.

Los dos edificios analizados en este estudio constituyen, atendiendo a su cronología, las primeras manifestaciones materiales de arquitectura religiosa islámica en la Península, incluso anteriores a la fundación de la aljama de Córdoba. Su localización en cumbres abruptas y de difícil acceso, asociadas a recintos fortificados, remite a comunidades con un cierto grado de militarización que habrían adoptado tempranamente el islam. Cabe plantear, a modo de hipótesis, que estos enclaves pudieran estar vinculados, al menos en su fase inicial, al asentamiento de grupos de voluntarios relacionados con la práctica del ribāṭ y el ŷihād, tal y como se menciona en las fuentes escritas para esta región. Mientras que el ribāṭ se asocia a funciones de defensa, vigilancia y control de fronteras, generalmente de carácter pasivo, el ŷihād incorporaría una dimensión espiritual que, en determinados contextos, podía implicar la defensa militarizada de la fe. Ambos conceptos representan modelos de praxis y comportamiento que vinculan la religión y su defensa armada dentro de un marco ideológico que ya había tomado forma en la antigüedad tardía, no solo en el ámbito musulmán, sino también en el cristiano, y que el islam incorporó y adaptó.

A estos ejemplos podrían sumarse otros enclaves citados por las fuentes, igualmente vinculados al fenómeno del ribāṭ temprano, como Kashkī, en la desembocadura del Ebro; Rūṭa, en la garganta del Guadalquivir; o Qabṭa, en la costa de Pechina, todos ellos fundados en el siglo IX según la tradición escrita. Sin embargo, la ausencia de evidencias arqueológicas impide, por el momento, confirmar la existencia de mezquitas en estos lugares o precisar su cronología. En contraste, la muṣallā de Guardamar sí ha sido objeto de excavaciones sistemáticas, lo que ha permitido situar su fundación en la segunda mitad del siglo IX, así como documentar sus posteriores transformaciones.

En el ámbito urbano, la evidencia arqueológica apunta —como sucede en otras regiones del mundo islámico— a cronologías más tardías que las propuestas por las fuentes escritas. La construcción de la mezquita aljama de Córdoba a finales del siglo VIII responde a su consolidación como capital del emirato omeya, último reducto político de la dinastía tras su caída en Oriente. Este proceso de fundación de grandes mezquitas congregacionales, que parece intensificarse a partir de inicios del siglo IX, pudo extenderse a otros centros urbanos como Zaragoza, Sevilla o Toledo. No obstante, la escasez y fragmentación de los restos arqueológicos disponibles dificultan la verificación de este escenario, al carecer en muchos casos de contextos materiales que permitan una datación precisa.

Este fenómeno se reproduce, en una fase ligeramente posterior, en centros urbanos secundarios o en nuevas fundaciones. El oratorio del Cortijo de las Mezquitas o el de Mértola constituyen ejemplos significativos en este sentido, a los que podrían añadirse otros casos conocidos por las fuentes, como Tudela, Baena o Jaén, aunque con correlatos materiales aún imprecisos. Paralelamente, y en relación con las primeras alcazabas urbanas, surgieron también oratorios privados de pequeñas dimensiones, como los documentados en Mérida o Badajoz. Además, en este momento avanzado del emirato empezamos a documentar pequeñas mezquitas de barrio en los principales núcleos urbanos, como la identificada en la Ronda Oeste de Córdoba.

En conjunto, la difusión de las primeras mezquitas en al-Andalus parece responder a un proceso gradual que, a partir del siglo IX, se manifiesta con especial intensidad en los ámbitos urbanos; en este marco, únicamente la aljama de Córdoba se adelanta ligeramente a dicha dinámica. No obstante, destaca una excepción significativa: las mezquitas asociadas a instituciones religioso-militares, levantadas en contextos alejados de la ciudad, que constituyen, hasta el momento, los testimonios más tempranos de arquitectura religiosa musulmana en al-Andalus.

Otro aspecto clave para comprender la difusión de estas primeras mezquitas es la orientación de su alquibla, una cuestión de gran relevancia en el propio proceso formativo del islam y objeto de atención desde diversas disciplinas. Entre los métodos de direccionamiento documentados en las fuentes, uno de los más extendidos consistía en orientar el muro sagrado hacia la salida de la estrella al-Qalb al-ʿAqrab (Antares), cuya posición en la Península Ibérica coincide aproximadamente con el amanecer del solsticio de invierno (c. 120°). Esta misma dirección podía también establecerse de manera inversa mediante la observación del ocaso en el solsticio de verano (c. 300°). Este criterio parece haber gozado de una amplia difusión durante el emirato, como recoge Ibn Ḥabīb (m. 853), y se observa en ejemplos como El Molón, Mértola o el Cortijo de las Mezquitas, a los que podría añadirse en el futuro el caso de Reccopolis.

Fig. 5 Diagrama de orientaciones de las mezquitas mencionadas en el texto. En azul, orientadas mediante el orto del Sol durante el solsticio de invierno; en verde, en perpendicular al orto del Sol durante el solsticio de verano o la puesta del Sol durante el solsticio de invierno; en rojo, en dirección al orto de Fomalhaut [Imagen propia]

Un segundo procedimiento consistía en tomar como referencia la estrella Suhayl (Canopus), el segundo astro más brillante del cielo. Dado que desde la latitud de la Península esta estrella no es visible, se recurrió como alternativa al orto solar en el solsticio de verano (en torno a 60°), cuya perpendicular permitía establecer esta misma dirección. Este método, documentado también en Siria, pudo haber sido introducido en al-Andalus por los omeyas tras su llegada desde Oriente, como sugiere su uso en la mezquita de Córdoba y en otros ejemplos como El Tossal de la Vila, la alcazaba de Badajoz o la muṣallā de Guardamar.

Finalmente, un tercer patrón se identifica en las mezquitas de la alcazaba de Mérida y de la Ronda Oeste de Córdoba, orientadas aproximadamente hacia un azimut de 140°. Aunque no disponemos aún de una explicación satisfactoria, se ha propuesto como hipótesis el uso de la salida de Fomalhaut (Alpha Piscis Austrini), otra de las estrellas más brillantes del firmamento. En conjunto, estos datos sugieren que, en un contexto en el que los conocimientos trigonométricos eran aún limitados, la orientación de las mezquitas pudo fundamentarse en sencillos procedimientos derivados de la astronomía popular, basados en la posición conocida de algunas estrellas, especialmente el Sol, en ciertos momentos del año.

Por último, y desde un punto de vista constructivo, los restos conservados de las primeras mezquitas permiten distinguir al menos tres grandes tipologías arquitectónicas. En primer lugar, aquellas de mayor tamaño situadas en centros urbanos, entre las que destaca la aljama de Córdoba, con su singular disposición de naves perpendiculares a la alquibla y cuyos precedentes o influencias arquitectónicas son aún objeto de debate desde el ámbito de la arqueología. También la del Cortijo de las Mezquitas, que responde a un modelo más común en el mundo islámico, con planta cuadrangular de dimensiones no superiores a los cincuenta metros de lado, entre dos y tres naves paralelas al muro sagrado, un patio -en ocasiones porticado- mayor que la sala de oración y un modesto miḥrāb proyectado al exterior.

Un segundo grupo lo constituyen pequeños oratorios asociados a alcázares, pequeñas ciudades y arrabales urbanos, caracterizados por su organización en torno a una sala de oración de una sola crujía y un patio adyacente. Estos conjuntos, de planta generalmente rectangular y dimensiones reducidas, presentan un miḥrāb sencillo y carecen, por lo general, de alminar. Ejemplos representativos se documentan en Mérida, Badajoz, Mértola o la Ronda Oeste de Córdoba.

Fig. 6 Plantas de las mezquitas tempranas documentadas, con orientación y escala ajustadas. Por tipología: A. Pequeñas mezquitas urbanas. 1, Mérida; 2, Badajoz; 3, Ronda Oeste; 4, Mértola. B. Grandes mezquitas urbanas. 5, Cortijo de las Mezquitas; 6, Aljama de Córdoba. C. Mezquitas de ribāṭ. 7, El Molón; 8, El Tossal de la Vila; 9, Guardamar [Imagen propia a partir de los originales publicados por los equipos de excavación de cada una de ellas]

Finalmente, las mezquitas de El Tossal de la Vila y El Molón permiten definir una tercera categoría, hasta ahora inédita, que podría representar un modelo específico del ámbito andalusí temprano. Aunque comparten algunos rasgos con las tipologías anteriores, como la planta rectangular paralela a la alquibla o la presencia de un patio simétrico anexo, presentan elementos singulares, como el acceso a través del propio muro de la alquibla o la presencia de dos nichos rectangulares proyectados hacia el exterior, en lugar de uno como es habitual. Desde el punto de vista constructivo, destaca el uso de técnicas vernáculas y materiales locales, en contraste con las fábricas de cantería propias de los contextos urbanos.

Esta diversidad arquitectónica refuerza la hipótesis según la cual las primeras mezquitas documentadas en áreas periféricas de la Península estuvieron vinculadas a la expansión de instituciones como el ribāṭ y el ŷihād, en un proceso que encuentra paralelos en otros contextos del Occidente islámico. Su cronología, bien establecida en torno al siglo VIII mediante dataciones radiocarbónicas y el análisis de sus contextos materiales, sugiere que nos hallamos ante un modelo arquitectónico de carácter local, asociado a las primeras manifestaciones del islam en territorios periféricos, cuyas influencias y vías de transmisión están aún por dilucidar.

Apuntes para una reflexión 

A lo largo de estos párrafos hemos subrayado la necesidad de articular una narrativa arqueológica que complemente —y en cierta medida reequilibre— el protagonismo de las fuentes escritas en el estudio de las primeras mezquitas de al-Andalus. Los textos, redactados a menudo con notable distancia temporal respecto a los hechos y con un propósito de clara legitimación política, han sido asumidos por parte de la historiografía de forma prácticamente literal, desoyendo las advertencias lanzadas de manera certera desde el arabismo.

Frente a ello, la arqueología propone una lectura más matizada, a veces incluso excesivamente cauta o garantista, pero apoyada en la evidencia material y sin renunciar al testimonio de los autores árabes. Pese a las restricciones que impone un corpus de ejemplos limitado, en este texto hemos tratado de construir un marco interpretativo que diera cabida a todos los datos de que se dispone. Sin embargo, este enfoque tropieza con los ritmos propios de la disciplina: procesos largos, acumulativos y necesariamente colectivos, poco compatibles con la inmediatez del mundo académico actual. Casos como El Tossal de la Vila o El Molón evidencian que sólo la multiplicidad de campañas permite construir un conocimiento sólido. De ahí la urgencia de apostar por la investigación y asumir, sin temor, la revisión de los paradigmas heredados.


Para ampliar:

Calvo, Susana. “Las primeras mezquitas de al-Andalus a través de las fuentes árabes (92/711-170/785).” Al-Qantara XXVIII (2007): 143–79.

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Negre, Joan. “Ribāṭ in the Furthermost Coasts of Early Al-Andalus.” Religions 15, no. 1 (2024): e124.

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Trillo, Mª Carmen. “Mezquitas en al-Andalus: un espacio entre las comunidades y el poder.” Studia historica. Historia medievalk 29 (2011): 73–98.