{"id":309,"date":"2018-07-11T17:08:46","date_gmt":"2018-07-11T17:08:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/?p=309"},"modified":"2018-07-22T07:18:43","modified_gmt":"2018-07-22T07:18:43","slug":"las-fuentes-arabes-o-como-sabemos-lo-que-sabemos-sobre-al-andalus","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/?p=309","title":{"rendered":"Las fuentes \u00e1rabes  (o c\u00f3mo sabemos lo que sabemos sobre al-Andalus)"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: center;\">Resulta incontestable que al-Andalus cuenta con uno de los mejores conjuntos de evidencias hist\u00f3ricas producidos en el seno de una sociedad alto y pleno medieval<\/h3>\n<hr \/>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/?page_id=248\">Eduardo Manzano<\/a><br \/>\nInstituto de Historia &#8211; CSIC<\/h4>\n<hr \/>\n<figure id=\"attachment_312\" aria-describedby=\"caption-attachment-312\" style=\"width: 1516px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-312\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/ibn-al-qutiya.jpg?resize=1000%2C333\" alt=\"\" width=\"1000\" height=\"333\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/ibn-al-qutiya.jpg?w=1516&amp;ssl=1 1516w, https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/ibn-al-qutiya.jpg?resize=300%2C100&amp;ssl=1 300w, https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/ibn-al-qutiya.jpg?resize=768%2C256&amp;ssl=1 768w, https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/ibn-al-qutiya.jpg?resize=1024%2C341&amp;ssl=1 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-312\" class=\"wp-caption-text\">Comienzo de la Historia de Ibn al-Q\u016b\u1e6diyya, Biblioteca Nacional de Francia, ms. arabe 1867<\/figcaption><\/figure>\n<p>Existe un t\u00f3pico muy arraigado que pretende que las fuentes \u00e1rabes, o bien son poco fiables, o bien son escasas y poco \u00fatiles para la interpretaci\u00f3n hist\u00f3rica. En este escaso aprecio por los textos de los autores \u00e1rabes medievales creo que resuenan todav\u00eda los prejuicios de la erudici\u00f3n decimon\u00f3nica, que consideraba que, si en una cr\u00f3nica \u00e1rabe las cifras de combatientes en una batalla eran muy abultadas, ello se deb\u00eda a \u201cla desbocada imaginaci\u00f3n oriental\u201d; si un texto recog\u00eda grandes elogios hacia un gobernante, ello era fruto del consabido servilismo hacia el d\u00e9spota de turno. \u00danase a ello que la inclusi\u00f3n de leyendas o consejas era s\u00edntoma evidente de \u201cfantas\u00edas propias de las <i>Mil y Una Noches<\/i>\u201d, mientras que las invocaciones o narraciones piadosas constitu\u00edan muestras evidentes del inevitable y omnipresente \u201cfanatismo religioso\u201d de los \u201cmahometanos\u201d. Poco puede extra\u00f1ar, por lo tanto, que al amalgamar todos estos prejuicios la ardua labor de los esforzados cronistas \u00e1rabes de \u00e9poca medieval quedara a la altura del bet\u00fan y sus textos adquirieran una cierta p\u00e1tina de descr\u00e9dito. El mensaje de la primera tradici\u00f3n positivista forjada en \u00e9poca colonial ven\u00eda a ser, pues, que todo cuanto procediera de la tradici\u00f3n \u00e1rabe ten\u00eda el mismo nivel de veracidad que el que se pod\u00eda atribuir a cualquier ind\u00edgena cuando trataba con el gobierno de la metr\u00f3poli y que se resum\u00eda en una sola palabra: enga\u00f1o.<\/p>\n<p>Esta actitud de desconfianza te\u00f1ida de una superioridad intelectual, en virtud de la cual la tradici\u00f3n historiogr\u00e1fica occidental era considerada m\u00e1s de fiar que la que encarnaban las siempre taimadas civilizaciones orientales, se ha perpetuado hasta nuestros d\u00edas mucho m\u00e1s de lo que parece. No es nada infrecuente escuchar (o leer) a reputados historiadores quejarse mucho de las fuentes \u00e1rabes con las que les ha tocado trabajar, enhebrando una serie de lamentos que se repiten con frecuencia: son tard\u00edas respecto a los hechos que narran; son s\u00f3lo recuentos de hechos pol\u00edticos y militares, que apenas ofrecen datos sobre la sociedad que las genera; ignoran a los campesinos; son demasiado oficialistas; responden s\u00f3lo a los intereses de la clase gobernante, etc. Este c\u00famulo de apreciaciones contrarias a las fuentes \u00e1rabes se desliza en numerosos estudios gener\u00e1ndose as\u00ed aparentes certezas, que concluyen con la condena inapelable de unos materiales que se considera que no est\u00e1n a la altura de lo que nos ofrece el vergel historiogr\u00e1fico que, en cambio, habr\u00eda florecido en Occidente.<\/p>\n<p>Las consecuencias de esta sentencia condenatoria sobre los materiales textuales \u00e1rabes han sido tambi\u00e9n mucho mayores de lo que parece. La falta de confianza en esos materiales abre la puerta para que algunas interpretaciones hist\u00f3ricas decidan prescindir de ellos parcial o totalmente, alimentando conclusiones a veces deslavazadas, a veces sesgadas y, a veces, simplemente fraudulentas, pues en la ausencia de esa correa que sujeta la imaginaci\u00f3n de quienes escribimos historia y que se conoce como \u201cevidencia\u201d los malos historiadores y los mercachifles pueden campar a sus anchas. No conozco a ning\u00fan historiador serio de la Antig\u00fcedad al que se le ocurra decir que el testimonio de Tito Livio sobre la conquista romana de <i>Hispania<\/i> es una invenci\u00f3n porque este autor vivi\u00f3 doscientos a\u00f1os despu\u00e9s de Escipi\u00f3n el Africano, pero si del que hablamos es de \u2018Abd al-Malik b. \u1e24ab\u012bb (m. en 853), su incorregible origen y autor\u00eda \u00e1rabes, unidos a la distancia cronol\u00f3gica que le separa de la conquista del 711, sirven para cuestionar toda su obra y albergar serias dudas de que no est\u00e9 tratando de realizar el consabido enga\u00f1o al que tan propenso ha sido y es su pueblo.<\/p>\n<p>La historiograf\u00eda romana es, de hecho, un buen elemento de comparaci\u00f3n para la \u00e1rabe en general y la andalus\u00ed en particular. A quienes tanto se quejan de las cr\u00f3nicas andalus\u00edes quiz\u00e1 no vendr\u00eda mal recordarles los materiales cron\u00edsticos con los que tiene que trabajar un historiador del gobierno del emperador Augusto, los cuales se cuentan con los dedos de una mano e incluyen testimonios como el del historiador Suetonio, que, como todo el mundo sabe, no es precisamente un dechado de objetividad. Si trasladamos el foco a un per\u00edodo distinto, como, pongamos por caso, el visigodo, a esos dedos de la mano se les puede amputar alguno, pues aparte de Isidoro de Sevilla, Juan de Biclaro o Juli\u00e1n de Toledo no hay otros autores de lo que entendemos propiamente por cr\u00f3nicas hist\u00f3ricas. No se crea que los tiempos medievales traen un panorama mucho mejor, pues, dejando a un lado una serie de anales muy sucintos, el n\u00famero de cr\u00f3nicas compuestas en territorios cristianos entre los siglos VIII y XII vuelven a tener en los dedos de un solo ap\u00e9ndice un buen sistema para realizar el conteo.<\/p>\n<p>No parece, por lo tanto, que sea demasiado ecu\u00e1nime lamentarse de las fuentes \u00e1rabes cuando en ese mismo per\u00edodo se escriben y han llegado obras de autores como \u2018Abd al-Malik b. \u1e24ab\u012bb, los dos al-R\u0101z\u012b, Ibn al-Q\u016b\u1e6diyya, Ibn \u1e24ayy\u0101n, al-\u2018Udr\u012b, \u2018Abd All\u0101h b. Bulugg\u012bn, o el propio Ibn \u1e24azm, junto a textos an\u00f3nimos como los <i>Ajb\u0101r<\/i> <i>Ma\u0177m\u016b\u2018a<\/i> o la Cr\u00f3nica de los reinos de taifas, por no hablar de las cr\u00f3nicas latinas redactadas en territorio andalus\u00ed, tales como la <i>Cr\u00f3nica de 754, <\/i>lo que eleva considerablemente la cantidad y calidad de obras escritas entre los siglos VIII y XII. Aunque es bien sabido que algunos historiadores no son capaces de escribir un buen libro de historia ni aun teniendo acceso a todas las fuentes imaginables -ah\u00ed est\u00e1 el caso de algunos contemporane\u00edstas que conozco para demostrarlo- lo cierto es que la queja por el contenido de las fuentes \u00e1rabes andalus\u00edes est\u00e1 totalmente injustificada. No s\u00f3lo son relativamente abundantes, sino que adem\u00e1s su contenido es siempre muy interesante: pueden exagerar a veces los \u00e9xitos, pero no ocultan ni mucho menos los fracasos; dan cuenta de las rebeliones contra el poder central con una insistencia casi derrotista; ofrecen, a veces, explicaciones muy sofisticadas de los hechos que narran, y proporcionan, en fin, infinidad de detalles que, si se saben leer, arrojan una enorme luz tanto sobre la pol\u00edtica como sobre la sociedad que describen. Es cierto que siempre expresan los intereses de la clase gobernante con la que se suelen identificar sus autores, pero para identificar esos intereses y descubrir c\u00f3mo afecta a sus narrativas se supone que los historiadores sabemos hacer lecturas cr\u00edticas de los textos. La absurda idea que mantienen algunos arque\u00f3logos medievalistas, que creen que los artefactos y estructuras que desentierran tienen mayor valor explicativo que los textos, pues no est\u00e1n sometidos a la voluntariedad de estos \u00faltimos, ha llevado a algunos a pretender que se pueden hacer grandes interpretaciones de la sociedad andalus\u00ed a partir de esas evidencias materiales, e ignorando por completo sus textos (con los p\u00e9simos resultados que tan ins\u00f3lita perspectiva hac\u00eda augurar.)<\/p>\n<p>De hecho, y esto es algo en lo que hay que insistir con fuerza, al-Andalus cuenta con un <i>corpus<\/i> de fuentes casi inigualable en cualquier otra sociedad alto y pleno medieval del Mediterr\u00e1neo. A las ya mencionadas cr\u00f3nicas propiamente hist\u00f3ricas se le a\u00f1aden otros muchos tipos de textos, capaces de ofrecer datos siempre interesantes si se los sabe interrogar adecuadamente. Contamos as\u00ed con descripciones geogr\u00e1ficas, algunas de ellas muy detalladas, que no tienen parang\u00f3n en buena parte del medievo occidental, y que describen jerarqu\u00edas espaciales, rutas e itinerarios. Tenemos tambi\u00e9n los llamados \u201cdiccionarios biogr\u00e1ficos\u201d, durante mucho tiempo absurdamente despreciados por quienes los consideraban \u201clistines telef\u00f3nicos\u201d, pero a los que proyectos como la <i><a href=\"https:\/\/www.eea.csic.es\/eea-proyectos-investigacion-terminados-recientemente\/prosopografia-de-los-ulemas-de-al-andalus-ffi2010-20428\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Prosopograf\u00eda de los ulemas de al-Andalus<\/a><\/i>, la <i><a href=\"http:\/\/proyectos.cchs.csic.es\/cerrada.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Historia de los Autores y Transmisores Andalus\u00edes<\/a> <\/i>o la <i><a href=\"https:\/\/ibntufayl.org\/bibliotece-de-al-andalus\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Biblioteca de al-Andalus<\/a> <\/i>est\u00e1n dando el enorme valor que merecen para conocer elementos asociados a la transmisi\u00f3n social del conocimiento y al medio en que \u00e9sta se produce. Igualmente son muy abundantes los textos que, aunque parecen no estar conectados directamente con la historia, ofrecen datos muy importantes, pues recogen tratados de agricultura, obras sobre m\u00e9dicos y medicina, manuales de astrolog\u00eda, as\u00ed como obras de <i>adab<\/i> en las que poes\u00edas y las prosas no s\u00f3lo retratan t\u00f3picos literarios, sino que hacen referencias a m\u00faltiples aspectos de la sociedad que rodeaba a sus autores.<\/p>\n<p>Una de las deficiencias m\u00e1s frecuentes que se achaca al conjunto de las fuentes \u00e1rabes andalus\u00edes es la ausencia de una documentaci\u00f3n de archivo, que se supone que ilumina con di\u00e1fana claridad las sociedades que la producen. Tal afirmaci\u00f3n no s\u00f3lo es sesgada, sino que tambi\u00e9n es err\u00f3nea: por un lado, no existen archivos propiamente dichos en muchas sociedades cristianas hasta \u00e9pocas relativamente tard\u00edas, y por el otro la documentaci\u00f3n que ha llegado hasta nuestros d\u00edas suele ser generalmente eclesi\u00e1stica y consiste en conjuntos m\u00e1s o menos coherentes de documentos que recogen diversos actos jur\u00eddicos, pero que no siempre expresan la sociedad en los que se generan con la claridad que ser\u00eda deseable, como muy saben los esforzados medievalistas, que tienen que lidiar con unos <i>corpora<\/i> documentales muy dispersos y, a veces, deslavazados.<\/p>\n<p>Frente a la ausencia de fuentes documentales, la sociedad andalus\u00ed nos ha legado un formidable conjunto de obras jur\u00eddicas de naturaleza muy diversa (desde tratados de derecho, <i>fiqh<\/i>, hasta respuestas jur\u00eddicas o <i>fetuas<\/i>, pasando por formularios notariales y tratados de <i>\u1e25isba<\/i>). El viejo y anquilosado debate sobre el car\u00e1cter te\u00f3rico o pr\u00e1ctico de estas obras hace tiempo que ha quedado definitivamente superado por una interpretaci\u00f3n dial\u00e9ctica que concibe el derecho musulm\u00e1n como fruto de una construcci\u00f3n din\u00e1mica, que se nutre de principios te\u00f3ricos que se amoldan y generan una pr\u00e1ctica determinada por entornos sociales cambiantes pero, al mismo tiempo, apegados a la tradici\u00f3n. Es cierto, pues, que no tenemos documentos de archivo, pero s\u00ed que tenemos las claves que permiten definir el medio jur\u00eddico que generaba esos documentos, lo cual a veces puede resultar m\u00e1s \u00fatil.<\/p>\n<p>Si a toda esta extraordinaria cantidad y variedad de fuentes escritas andalus\u00edes se le a\u00f1ade una destacable cantidad de epigraf\u00eda \u2014y en nuestro pa\u00eds contamos con una espl\u00e9ndida tradici\u00f3n de estudios sobre este tema\u2014 un <i>corpus<\/i> numism\u00e1tico que, en l\u00edneas generales, est\u00e1 muy bien definido, y una notable cantidad de arqueolog\u00eda desarrollada en las \u00faltimas d\u00e9cadas, creo que resulta m\u00e1s que inadecuado aducir una ausencia de fuentes para el estudio sobre al-Andalus o una falta de soporte s\u00f3lidos para las conclusiones a las que llega la historiograf\u00eda m\u00e1s reciente sobre este tema.<\/p>\n<p>Naturalmente, siempre querr\u00edamos que el espectro de nuestra evidencia aumentara; nos gustar\u00eda que aparecieran nuevos manuscritos, tener mayor n\u00famero de herramientas para acceder a ciertas claves que es seguro que se nos escapan, o disponer, en fin, de mayores capacidades para realizar conexiones que hoy en d\u00eda no somos capaces de establecer. Sin embargo, estoy convencido de que, a pesar de que muchos seguir\u00e1n aduciendo la mala calidad de nuestra evidencia para as\u00ed justificar lo mucho que ignoran, o para intentar esquivarla y as\u00ed vender mejor sus fraudes, resulta incontestable que al-Andalus cuenta con uno de los mejores conjuntos de evidencias hist\u00f3ricas producidos en el seno de una sociedad alto y pleno medieval.<\/p>\n<hr \/>\n<h4>Para ampliar:<\/h4>\n<ul>\n<li>A. Garc\u00eda Sanju\u00e1n, \u201c<a href=\"http:\/\/rabida.uhu.es\/dspace\/bitstream\/handle\/10272\/5553\/Traduccion_de_fuentes_arabes.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">La traducci\u00f3n de fuentes \u00e1rabes andalus\u00edes al castellano: balance y valoraci\u00f3n<\/a>\u201d, <em>Medievalismo<\/em>, 11, 2001, p. 107-122<\/li>\n<li>E. Manzano Moreno, \u201c\u00bfEl fin de la historia? La historiograf\u00eda \u00e1rabe en torno al a\u00f1o 1000\u201d, en P. Bonnassie y P. Toubert eds. <em>Hommes et soci\u00e9t\u00e9s dans l\u00b4Europe de l\u00b4An Mil<\/em>, Toilouse 2004, p. 407-420.<\/li>\n<li>F. Pons Boigues, <a href=\"http:\/\/www.bibliotecavirtualdeandalucia.es\/catalogo\/es\/consulta\/registro.cmd?id=100065\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>Ensayo bio-bibliogr\u00e1fico sobre los historiadores y ge\u00f3grafos ar\u00e1bigo espa\u00f1oles<\/em><\/a>, Madrid, 1898.<\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo Manzano Moreno<\/p>\n","protected":false},"author":8,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_crdt_document":"","jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[11,21],"tags":[35,36,16,37,17],"coauthors":[],"class_list":["post-309","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-fuentes","category-metodo","tag-cronicas","tag-fuentes-arabes","tag-historia","tag-historiografia","tag-metodo-historico","has-post-thumbnail","fallback-thumbnail"],"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/309","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/8"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=309"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/309\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":412,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/309\/revisions\/412"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=309"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=309"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=309"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcoauthors&post=309"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}