{"id":306,"date":"2018-07-11T16:59:38","date_gmt":"2018-07-11T16:59:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/?p=306"},"modified":"2018-07-22T07:19:38","modified_gmt":"2018-07-22T07:19:38","slug":"damnatio-memoriae-en-la-cordoba-postcalifal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/?p=306","title":{"rendered":"<em>Damnatio memoriae<\/em> en la C\u00f3rdoba postcalifal"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: center;\">Su entierro congreg\u00f3 a una multitud tan numerosa que la ciudad qued\u00f3 vac\u00eda. Tan desierta qued\u00f3 que los gobernantes tomaron precauciones para evitar robos y saqueos, reforzando la vigilancia en las puertas de la ciudad<\/h3>\n<hr \/>\n<h4 style=\"text-align: center;\"><a href=\"http:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/?page_id=233\">Luis Molina<\/a><br \/>\nEscuela de Estudios \u00c1rabes &#8211; CSIC<\/h4>\n<hr \/>\n<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-369\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/funeral_vector.jpg?resize=752%2C395\" alt=\"\" width=\"752\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/funeral_vector.jpg?w=752&amp;ssl=1 752w, https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/funeral_vector.jpg?resize=300%2C158&amp;ssl=1 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 752px) 100vw, 752px\" \/><\/p>\n<p>Mientras predicaba a primeras horas de la ma\u00f1ana ante una audiencia de entregados seguidores en la mezquita de C\u00f3rdoba, <a href=\"https:\/\/www.eea.csic.es\/pua\/personaje\/consulta_personaje.php?id=859\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ibn Ab\u012b al-Rab\u012b\u02bd al-Ilb\u012br\u012b <\/a>se desplomaba repentinamente. Trasladado de inmediato a su casa, fallec\u00eda antes del mediod\u00eda sin haber recuperado la consciencia. Esa misma tarde tuvo lugar su entierro, que congreg\u00f3 a una multitud tan numerosa que la ciudad qued\u00f3 vac\u00eda. Tan desierta qued\u00f3 que los gobernantes tomaron precauciones para evitar robos y saqueos, reforzando la vigilancia en las puertas de la ciudad. Como prueba de la conmoci\u00f3n causada por la muerte del personaje, alguno de sus bi\u00f3grafos destaca que asistieron al entierro incluso las mujeres de alto linaje que viv\u00edan confinadas en sus casas. El fallecimiento y el posterior entierro de este personaje tuvieron lugar el 2 de marzo del a\u00f1o 1041.<\/p>\n<p>La muchedumbre que acompa\u00f1aba el cortejo f\u00fanebre no dej\u00f3 en ning\u00fan momento de arremolinarse alrededor de las angarillas en las que era transportado el cad\u00e1ver para intentar tocarlas con sus manos o arrojar sobre ellas cualquier prenda de ropa que les pudiese transmitir bendiciones, todo ello en un estado de exaltaci\u00f3n que algunos consideraron muy reprobable. Debido a las dificultades para avanzar que estos comportamientos causaban, la inhumaci\u00f3n del cad\u00e1ver s\u00f3lo se pudo efectuar muy avanzada la tarde. Las plegarias f\u00fanebres fueron pronunciadas por el cad\u00ed de la ciudad, <a href=\"https:\/\/www.eea.csic.es\/pua\/personaje\/consulta_personaje.php?id=4965\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ibn al-Makw\u012b<\/a>, lo que pon\u00eda un toque formal y oficial en medio de la fren\u00e9tica efervescencia popular.<\/p>\n<p>En los d\u00edas siguientes al entierro, su tumba fue objeto de constantes visitas por parte de gente que no dudaba en inclinar sus rostros sobre ella e incluso restregar las mejillas en su superficie, sobrepasando los l\u00edmites del fervor para caer en el fanatismo.<\/p>\n<p>Los diccionarios biogr\u00e1ficos \u00e1rabes recogen multitud de noticias sobre entierros de este tipo en los que la asistencia de personas de toda clase y condici\u00f3n desborda las calles de las ciudades y las explanadas de los cementerios. En la mayor\u00eda de las ocasiones estos entierros multitudinarios se mantienen dentro de unos l\u00edmites razonables y son sencillas manifestaciones del afecto de una poblaci\u00f3n por uno de sus conciudadanos distinguidos y de la consideraci\u00f3n en el islam de obra piadosa el hecho de acompa\u00f1ar al difunto hasta su tumba. No era infrecuente que los propios emires y califas participaran personalmente en esas ceremonias \u201cmarchando a pie tras las angarillas\u201d, como muestra de respeto por el fallecido. Recordemos a este respecto la historia del alfaqu\u00ed \u1e6cal\u016bt, que hemos relatado en <a href=\"https:\/\/digital.csic.es\/handle\/10261\/43988\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">otro lugar<\/a>: este alfaqu\u00ed hab\u00eda participado en la revuelta del arrabal contra el emir omeya de C\u00f3rdoba al-\u1e24akam I, en el a\u00f1o 818. Cuando el emir lo tiene ante s\u00ed, tras haber sido encontrado escondido en casa de un jud\u00edo, al-\u1e24akam le reprocha su traici\u00f3n y su ingratitud record\u00e1ndole, entre otras cosas que hab\u00eda tenido con \u00e9l el gesto de haber asistido en persona al entierro de su mujer \u201cmarchando a pie hasta el cementerio del Arrabal\u201d.<\/p>\n<p>Pero no siempre el entierro se desarrollaba de forma ordenada y contenida. Con relativa frecuencia los sentimientos se desbordaban y la multitud se dejaba llevar por un fervor religioso extremado que la llevaba a intentar por todos los medios acercarse al cuerpo del difunto para tocar el sudario. Los que no pod\u00edan alcanzarlo con la mano, intentaban conseguir que cualquier objeto que llevasen consigo \u2013habitualmente alguna prenda de ropa- entrase en contacto con las angarillas, como forma de obtener por medio interpuesto las bendiciones que otorga el cuerpo del venerable fallecido. Una vez recuperado el objeto, se lo pasaban por rostro y brazos para recibir sus ben\u00e9ficos efectos.<\/p>\n<p>Las fuentes \u00e1rabes nos relatan bastantes historias sobre entierros de este tipo. Con un par de ejemplos nos bastar\u00e1 para documentar que el caso que estamos refiriendo aqu\u00ed no fue en modo alguno excepcional.<\/p>\n<p>En el entierro en Orihuela del asceta y predicador valenciano <a href=\"https:\/\/www.eea.csic.es\/pua\/personaje\/consulta_personaje.php?id=9674\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Mu\u1e25ammad b. \u02bdAbd All\u0101h al-An\u1e63\u0101r\u012b<\/a>, en el a\u00f1o 1243, el tumulto provocado por los numerosos asistentes que intentaban procurarse las bendiciones que les reportar\u00eda el contacto con el cuerpo del difunto acab\u00f3 con las angarillas destrozadas.<\/p>\n<p>Ni que decir tiene que estas pr\u00e1cticas no eran exclusivas de al-Andalus. Cuando el malague\u00f1o <a href=\"https:\/\/www.eea.csic.es\/pua\/personaje\/consulta_personaje.php?id=6675\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">\u02bdAl\u012b b. Mu\u1e25ammad, conocido por Ibn \u0176\u016bmayl y por al-\u1e24\u0101\u0177\u0177 al-M\u0101laq\u012b<\/a>, falleci\u00f3 en Jerusal\u00e9n en el a\u00f1o 1208, la fama de santidad que hab\u00eda alcanzado congreg\u00f3 a una enorme y enfervorizada muchedumbre, algo que, como estamos viendo, no era ins\u00f3lito en modo alguno. Pero s\u00ed era inaudito que entre la multitud se mezclasen los cristianos que se hallaban en una iglesia por la que pas\u00f3 el cortejo, cristianos que no fueron en verdad los m\u00e1s comedidos a la hora de manifestar sus sentimientos, porque se entregaron con entusiasmo a la pr\u00e1ctica de lanzar partes de sus atuendos a las angarillas y luego pas\u00e1rselas de unos a otros para enjugar sus rostros con ellas a fin de impregnarse de sus bendiciones.<\/p>\n<p>Un rasgo com\u00fan a estos personajes tan respetados por el com\u00fan de la poblaci\u00f3n era su car\u00e1cter de <a href=\"https:\/\/digital.csic.es\/handle\/10261\/18365\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">ascetas<\/a>, de individuos apartados de la vida mundana y entregados a la piedad y a la devoci\u00f3n, aunque no aislados de la comunidad, pues muchos de ellos procuraban influir sobre ella no s\u00f3lo con su vida ejemplar, sino tambi\u00e9n con el ejercicio de la predicaci\u00f3n y la admonici\u00f3n. En el caso de al-An\u1e63\u0101r\u012b, esta consagraci\u00f3n a la vida asc\u00e9tica se produjo tras haberse dedicado en un primer momento al ejercicio de la notar\u00eda, mientras que Ibn \u0176umayl nunca dej\u00f3 del todo la participaci\u00f3n activa en la vida oficial, pues fue el primer im\u00e1n y predicador de la mezquita al-Aq\u1e63\u00e0 de Jerusal\u00e9n tras la reconquista de la ciudad por Saladino en 1187, cargo que desempe\u00f1\u00f3 hasta su muerte.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n era asceta Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd, el personaje que nos ocupa y cuyo entierro hab\u00eda vaciado las calles de C\u00f3rdoba. Pero, tal y como hemos visto en los otros ascetas mencionados, su personalidad y su trayectoria distan mucho de las de un eremita apartado del mundo y recluido en rec\u00f3ndito refugio. Muy al contrario, su formaci\u00f3n fue la habitual en los ulemas de su \u00e9poca: viaje a Oriente para cumplir con el precepto de la peregrinaci\u00f3n y para estudiar con maestros de all\u00ed, dedicaci\u00f3n a las disciplinas tradicionales como el Derecho, el Hadiz (hechos y dichos del Profeta)\u00a0 y la literatura, actividad docente para transmitir a sus disc\u00edpulos los conocimientos que hab\u00eda adquirido. Pero lo que diferenciaba a Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd de sus hom\u00f3logos era su dedicaci\u00f3n a las clases populares de C\u00f3rdoba, a cuya formaci\u00f3n y ense\u00f1anza consagraba gran parte de sus afanes.<\/p>\n<p>Sus bi\u00f3grafos coinciden en incluir dentro de su nombre completo el calificativo de \u201cEl predicador\u201d (<em>al-w<\/em><em>\u0101<\/em><em>\u02bd<\/em><em>i<\/em><em>\u1e93<\/em>: \u2018predicador\u2019, \u2018amonestador\u2019, distinto del predicador del serm\u00f3n del viernes desde el p\u00falpito, el <em>ja<\/em><em>\u1e6d<\/em><em>\u012b<\/em><em>b<\/em>) y ello es porque la actividad por la que era m\u00e1s conocido era precisamente \u00e9sa y el p\u00fablico al que iban dirigidas sus admoniciones era la totalidad de la poblaci\u00f3n, no \u00fanicamente el c\u00edrculo de los ulemas. Sin embargo lo que hac\u00eda de nuestro personaje una figura singular no era su labor como predicador, sino su empe\u00f1o en instruir a sus oyentes transmiti\u00e9ndoles de forma clara y accesible todo su saber. As\u00ed lo describe el historiador Ibn \u1e24ayy\u0101n (987-1076) seg\u00fan un relato conservado en el pseudo <a href=\"https:\/\/digital.csic.es\/handle\/10261\/159010\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><em>\u02bd<\/em><em>Uy<\/em><em>\u016b<\/em><em>n al-im<\/em><em>\u0101<\/em><em>ma<\/em><\/a> (primera mitad s. XII):<\/p>\n<p>Consigui\u00f3 en C\u00f3rdoba un predicamento enorme entre la plebe, a los que todos los d\u00edas atend\u00eda, sin tener reparos en sentarse ante ellos para hablarles de hadiz y de todo tipo de ciencias, cuyos conceptos hac\u00eda comprensibles a sus oyentes. Les le\u00eda textos de ex\u00e9gesis cor\u00e1nica, de historias ejemplares de ascetismo (<em>raq<\/em><em>\u0101<\/em><em>\u02bc<\/em><em>iq<\/em>) y de literatura profana (<em>\u0101<\/em><em>d<\/em><em>\u0101<\/em><em>b<\/em>) y les explicaba las palabras abstrusas y las cuestiones intrincadas<\/p>\n<p>A todo esto a\u00f1ad\u00eda un car\u00e1cter apacible, una presencia agraciada y una gran facilidad de palabra. Para subrayar su influencia ben\u00e9fica sobre la gente, su bi\u00f3grafo Ibn \u1e24ayy\u0101n llega a se\u00f1alar que \u201cgracias a \u00e9l muchos abandonaron la bebida y el pecado\u201d. No es de extra\u00f1ar, por tanto, que su fallecimiento fuera muy sentido por la poblaci\u00f3n cordobesa y que su entierro se convirtiera en la desbordante manifestaci\u00f3n que antes hemos referido.<\/p>\n<p>Hasta ese momento la historia de Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd no presenta ninguna caracter\u00edstica especialmente significativa, por mucho que su dedicaci\u00f3n a la predicaci\u00f3n fuera de los p\u00falpitos y a la ense\u00f1anza apartada de los medios tradicionales fueran actividades minoritarias entre los ulemas. Pero los hechos tras su concurrido entierro toman un camino muy poco transitado. Demos la palabra de nuevo a Ibn \u1e24ayy\u0101n:<\/p>\n<p>Quien gobernaba por entonces en C\u00f3rdoba fue consciente de toda la capacidad de sedici\u00f3n que habr\u00eda podido tener este hombre y puso entonces todo su celo en precaverse para el futuro de un riesgo semejante, para lo cual orden\u00f3 a los ordenanzas de la aljama que demoliesen el banco desde el que sol\u00eda impartir sus ense\u00f1anzas, temeroso de que lo sustituyera en \u00e9l alguien parecido. La orden fue cumplida por la noche y al d\u00eda siguiente apareci\u00f3 el lugar donde se hallaba el banco completamente aplanado.<\/p>\n<p>Un individuo llamado al-\u1e24a\u0161\u0161\u0101\u02bc, instructor de la plebe en cuestiones legales, aspiraba a ocupar el lugar de Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b, pero en realidad era lo contrario de \u00e9l: farfullador, balbuceante y grosero. Adem\u00e1s s\u00f3lo sab\u00eda de cuestiones jur\u00eddicas, ayunas totalmente de esos relatos y pr\u00e9dicas que sobrecogen los corazones. No goz\u00f3 de m\u00e1s aceptaci\u00f3n que la de una \u00ednfima minor\u00eda.<\/p>\n<p>El colof\u00f3n de la historia de Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd es un tanto sorprendente. Un personaje presentado por sus bi\u00f3grafos casi como modelo de santidad, cuyo mayor af\u00e1n hab\u00eda sido transmitir sus ense\u00f1anzas no s\u00f3lo al reducido c\u00edrculo de los ulemas, sino tambi\u00e9n al conjunto de la sociedad cordobesa, que se hab\u00eda mantenido alejado de las intrigas del poder y de las vanidades de los ambientes del saber, que hab\u00eda conseguido con su palabra y su ejemplo atraer al camino recto a los descarriados; un individuo, en suma, aparentemente inofensivo, nada virulento y a quien nadie podr\u00eda acusar de incitador de la rebeli\u00f3n. M\u00e1s a\u00fan, su predicaci\u00f3n y sus clases las desarrollaba en un lugar tan poco rec\u00f3ndito como era la mezquita aljama y en unas circunstancias tan alejadas de la clandestinidad como se reflejaban en la aglomeraci\u00f3n de oyentes que ocupaban hasta ocho naves del recinto.<\/p>\n<p>La actividad desarrollada por Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd no era, por tanto, desconocida para las autoridades ni, a tenor de lo que refieren las fuentes, preocupante para ellas, m\u00e1s all\u00e1 del leve matiz de heterodoxia que siempre acompa\u00f1\u00f3 a la figura de los predicadores de ese perfil popular. Por ello resulta llamativa la dr\u00e1stica y fulminante medida que tomaron tras el entierro del predicador, la destrucci\u00f3n de la mastaba \u2014poyo o banco de obra\u2014 que constitu\u00eda su \u201cc\u00e1tedra\u201d. Con ello pretend\u00edan borrar su huella y, sobre todo, cercenar la posibilidad de que su obra encontrase un continuador que heredase su numeroso p\u00fablico, pero que se apartase de la senda de moderaci\u00f3n y rectitud que hab\u00eda seguido siempre Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd.<\/p>\n<p>Porque la \u00fanica explicaci\u00f3n que se nos ocurre para el radical cambio de actitud de las autoridades es que lo que las mov\u00eda era el temor al futuro, no el deseo de borrar el pasado. Las doctrinas que predicaba desde su modesta c\u00e1tedra no fueron consideradas subversivas ni desde el punto de vista doctrinal ni desde el pol\u00edtico y no tenemos la menor noticia de controversias con otros ulemas o rechazo por parte de ning\u00fan estamento acad\u00e9mico o administrativo. No hab\u00eda, por tanto, ninguna raz\u00f3n para que se llevase a cabo esa especie de <em>damnatio memoriae<\/em> contra quien no hab\u00eda supuesto perjuicio ni peligro alguno para el funcionamiento del estado.<\/p>\n<p>Pero lo cierto es que, como apunta Ibn \u1e24ayy\u0101n, las autoridades, a la vista de lo ocurrido en su entierro, se dieron cuenta de los potenciales riesgos que entra\u00f1aba la existencia de un movimiento popular de esas dimensiones. Hasta entonces hab\u00eda sido un reba\u00f1o sosegado porque ten\u00eda un pastor apacible, pero ese reba\u00f1o tan numeroso pod\u00eda convertirse en un peligro si ca\u00eda bajo la influencia de un pastor con menos escr\u00fapulos. Ya hemos visto que hab\u00eda al menos un candidato a ocupar el lugar \u2013el lugar f\u00edsico y el espiritual- de Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd, un candidato que no pose\u00eda el carisma de \u00e9ste, pero que s\u00ed compart\u00eda con \u00e9l su vocaci\u00f3n popular. Pero no tuvo \u00e9xito en su intento: no daba la talla para ocupar el lugar de Ibn Ab\u012b l-Rab\u012b\u02bd en los corazones de la gente y la r\u00e1pida actuaci\u00f3n de los gobernantes le impidi\u00f3 ocupar el lugar desde donde se dirig\u00eda a su audiencia.<\/p>\n<p>En el momento en que se produjeron estos hechos hac\u00eda ya muchos a\u00f1os que C\u00f3rdoba hab\u00eda dejado de ser la capital efectiva del estado andalus\u00ed. Desde la muerte del chambel\u00e1n al-Mu\u1e93affar, hijo de Almanzor, la ciudad hab\u00eda entrado en una fase de ensimismamiento provocada por las contiendas surgidas con la <em>fitna<\/em>, la guerra civil que acabar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde con la dinast\u00eda omeya y que provocar\u00eda la aparici\u00f3n de los reinos de Taifas. Durante esos \u00faltimos a\u00f1os de ficci\u00f3n califal C\u00f3rdoba se convierte en un lugar en tierra de nadie, una capital de un estado inexistente, que no goza de los beneficios de la capitalidad, pues no tiene el menor poder sobre otros territorios, pero sufre sus inconvenientes, el ser sede de un gobierno impotente, sometido a continuos ataques y que cambia de mano sin cesar. Cuando el \u00faltimo califa omeya es destituido en el a\u00f1o 1031, se hace con el poder un notable local, Ab\u016b l-\u1e24azm Ibn \u0176ahwar, miembro de una familia de clientes omeyas llegados a al-Andalus en los primeros a\u00f1os del dominio musulm\u00e1n y que se sucedieron en el desempe\u00f1o de diversos cargos en los gobiernos de los emires y califas, los Ban\u016b Ab\u012b \u02bdAbda. Bajo su mandato la ciudad olvida su glorioso pasado capitalino, pero logra regir su propio destino, recuperando durante un tiempo la paz y la convivencia que hab\u00edan estado ausentes de la vida de la ciudad durante un cuarto de siglo. Es comprensible que Ibn \u0176ahwar y su gobierno contemplasen con aprensi\u00f3n toda posibilidad de retorno a tiempos revueltos y que extremasen los cuidados para evitarlo. Desde esa perspectiva es desde donde hay que contemplar la chocante decisi\u00f3n de derruir la mastaba de Ibn Ab\u012b al-Rab\u012b\u02bd, una <em>damnatio memoriae<\/em> que miraba m\u00e1s a prevenir el futuro que a censurar el pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luis Molina<\/p>\n","protected":false},"author":9,"featured_media":369,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_crdt_document":"","jetpack_post_was_ever_published":false,"footnotes":""},"categories":[22],"tags":[34,32,33],"coauthors":[],"class_list":{"0":"post-306","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","6":"hentry","7":"category-personajes","8":"tag-funerales","9":"tag-ibn-abi-l-rabi","10":"tag-predicadores","12":"fallback-thumbnail"},"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/i0.wp.com\/www.alandalusylahistoria.com\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/funeral_vector.jpg?fit=752%2C395&ssl=1","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/306","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/9"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=306"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/306\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":413,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/306\/revisions\/413"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/369"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=306"},{"taxonomy":"author","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.alandalusylahistoria.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcoauthors&post=306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}